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Cómo deben cambiar los deberes escolares en tiempos de inteligencia artificial

Deberes escolares. La Fundación Cotec, organización sin ánimo de lucro que promueve la innovación como motor de desarrollo económico y social, publicó el pasado mes de abril la II Encuesta de percepción social de la innovación educativadedicada al uso de la inteligencia artificial (IA) en la escuela. Según este informe, la ciudadanía es capaz de identificar amenazas claras del uso de esta tecnología para el alumnado, como la manipulación de la información (72%), el impacto negativo en las habilidades de lectoescritura de los jóvenes (63%) y la disminución de la cultura del esfuerzo de los estudiantes (66%). En un entorno educativo en el que los alumnos, a veces, saben manejar la IA mejor que sus profesores, la comunidad educativa y las familias se van a encontrar cada vez más con el desafío de concienciar a los alumnos, principalmente de Secundaria —es decir, adolescentes—, de la importancia de aprender y de los límites que les puede suponer el uso sin criterio de la IA.

El debate no está ya en si se debe utilizar la IA en las aulas o si es posible poner puertas al campo de la tecnología. Estudios como College Faculty Perceptions of Generative Artificial Intelligence in Higher Education (Percepciones del profesorado universitario sobre la inteligencia artificial generativa en la educación superior), publicado este 2026, afirman que la mayoría de los estudiantes de Secundaria (el 69%) usa ChatGPT como apoyo a los deberes; mientras que la encuesta About a quarter of U.S. teens have used ChatGPT for schoolwork – double the share in 2023 (Aproximadamente una cuarta parte de los adolescentes de EE UU ha usado ChatGPT para las tareas escolares, el doble que en 2023), del Pew Research Center en 2025, concluye que en apenas un año, entre 2023 y 2024, se había duplicado el uso de IA entre adolescentes para realizar tareas escolares. Parece evidente que no hay vuelta atrás.

“Nos enfrentamos a un reto educativo importante: la escuela debe preparar al alumnado para convivir con esta tecnología y enseñarle a utilizarla con criterio, es decir, como un apoyo a su proceso de aprendizaje, sin dejar de pensar por sí mismos”, afirma Carmen Romero García, coordinadora del área de Didáctica de las Matemáticas y Ciencias Experimentales de la Universidad Internacional de La Rioja.

Una de las dificultades de este reto es que los estudiantes ya saben que planteando preguntas sencillas a chatbots como ChatGPT, Gemini o Copilot consiguen respuestas correctas de forma rápida y eficiente. “El primer impulso de los estudiantes suele ser pedirle a las herramientas de IA que resuelvan el problema: ‘Hazme este ejercicio’ o ‘Escribe esta redacción’. El verdadero aprendizaje no debería consistir en delegar el pensamiento, sino en utilizar la IA para enriquecerlo”, indica Aníbal J. Bogliaccini, psicopedagogo y especialista en acompañamiento educativo y emocional de adolescentes.

Bogliaccini, también autor de La escuela silenciosa (Bubok, 2026), apuesta por cambiar la forma de tratar la IA formulando mejores preguntas para ayudar al alumno a aprender y no para resolver las tareas lo antes posible. Y pone varios ejemplos: ‘Explícamelo como si tuviera 12 años’, ‘ponme otro ejemplo’ o ‘ayúdame a llegar a la solución antes de dármela’ son algunos de ellos. “Aprender a hacer buenas preguntas implica curiosidad, pensamiento crítico y capacidad de reflexión, habilidades que siempre han sido importantes, pero que en un mundo donde las respuestas están disponibles en segundos adquieren un valor todavía mayor”, afirma el experto.Cada vez más alumnos utilizan herramientas de inteligencia artificial para hacer los deberes, un cambio que obliga a replantear la metodología de las tareas escolares.

Cada vez más alumnos utilizan herramientas de inteligencia artificial para hacer los deberes, un cambio que obliga a replantear la metodología de las tareas escolares.© Ekaterina Demidova (Getty Images)

Utilizar bien la IA y hacer buenos prompts no es lo único que se les debe enseñar a los alumnos, y para eso la clave está en fomentar el pensamiento crítico, según Guiomar Todó, directora general adjunta de Educo, ONG que lleva más de 30 años abogando por el derecho a recibir una educación de calidad. “La formación es clave, pero no solo en lo que se refiere a la utilización de distintos modelos de lenguaje o de distintas aplicaciones, sino que es necesario formarse también en cómo está construida la IA, cómo funciona, qué implicaciones tiene su uso, por ejemplo, a nivel medioambiental”, sostiene. Todó aboga, además, por concienciar a los adolescentes de los sesgos de la IA y recordarles que no es infalible. “Tienen que verla como una ayuda, no como un atajo”, dice la experta.

Con todo este contexto, es fácil entender que tanto el profesorado como las familias se pregunten dónde queda la utilidad de los deberes. “La cuestión de la que debemos partir es para qué mandamos deberes. Si la respuesta es únicamente comprobar que un alumno sabe repetir una información, probablemente ese modelo ha quedado obsoleto. Pero si el objetivo es ayudarle a reflexionar, desarrollar autonomía, consolidar un aprendizaje o conectar lo que estudia con su propia experiencia, entonces los deberes siguen teniendo un enorme valor”, apunta Bogliaccini. El psicopedagogo cree que a medio plazo se apostará por tareas que exijan interpretar, comparar, argumentar, crear, investigar y tomar decisiones, en lugar de buscar una respuesta correcta. “El valor educativo ya no puede estar únicamente en el resultado final, sino que tiene que estar en el camino que lleva hasta ese resultado”, concluye. Y pone un ejemplo: se puede pedir a un alumno que compare dos respuestas generadas por una IA y analice cuál está mejor argumentada.

Focalizar las tareas más allá de los archivos, textos o documentos que entreguen los alumnos es la apuesta de Romero. “Pedir un trabajo sin supervisión ni seguimiento es cada vez menos fiable. Esto obliga a realizar cambios metodológicos y del proceso de evaluación”, añade. Esa es la razón de que ella, en su labor de profesora, pida borradores, explicaciones sobre las decisiones que se han tomado y justificación de las fuentes utilizadas. De hecho, defiende que se les permita el uso de la IA, siempre y cuando “reflexionen sobre cómo la han empleado y que compartan las conversaciones al final del trabajo. El aprendizaje del alumnado debe guiarse durante el proceso”, zanja la investigadora principal del grupo Metodologías activas y Mastery Learning.

Fuente: https://www.msn.com/

Elizahenna Del Jesús
Elizahenna Del Jesús
Coordinadora Editorial en Plan LEA, Listín Diario, graduada Magna Cum Laude de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)

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