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Ercilia Pepín, ejemplo de civismo y cumbres de la intelectualidad

Ercilia Pepín. Aunque dedicó su vida al magisterio y es por lo que más la recuerdan, fue escritora, poeta, nacionalista que enfrentó la Ocupación Norteamericana al país en 1916, feminista, filántropa, admirada por su sensibilidad social, pionera en métodos y estilos que revolucionaron la enseñanza.

Huérfana a edad muy temprana, vivió en Los Pepines, Marilope, Nibaje, de Santiago, acogida por parientes luego de la separación de sus padres y la muerte a destiempo de su madre.

Ercilia Pepín se sobrepuso a las precariedades, la orfandad, su color mulato, la pobreza, y quizá no hay otra mujer de su tiempo que la supere en tantas facetas heroicas, patrióticas, innovadoras, desafíos y luchas que trascendieron la República.

“A la vera del Yaque nací como una sencilla flor campesina, poco menos que ignorada. Fueron las vicisitudes mis eternas compañeras, mis hermanas inseparables. Conocí en mi infancia las crueles y desesperantes desventuras de la orfandad y supe de las tristes noches sin lumbre y de los amargos días sin pan”, expresó al recibir el título de Hija Benemérita de Santiago en 1925.

Las limitaciones le impidieron asistir a la escuela, se alfabetizó de manera autodidacta, consigna William Galván en su obra laureada “Ercilia Pepín una mujer ejemplar”, posiblemente la más completa porque además de las actuaciones públicas introduce testimonios humanos, familiares y sociales de la intrépida mujer que conectó el país con figuras internacionales como Pedro Albizu Campos, José Vasconcelos, Rómulo Betancourt, sus maestros Eugenio María de Hostos y Salvador Cucurullo. Se escribía con Fabio Fiallo, quien la admiraba sobremanera y le enviaba cantares, poemas y narraciones desde la prisión impuesta por el gobierno invasor.

Fue estudiante y maestra adolescente. Mostraba inclinación a natación, equitación, manejo de armas. Amaba las ciencias. Con su escaso salario adquirió microscopio para investigar y enseñar. Se interesaba por astronomía, física, matemáticas.

Cuando contaba 14 años la nombraron directora de la Escuela de Niñas de Nibaje. La más joven de la República. Además de conocimientos generales, dominaba los idiomas francés e italiano. Al tiempo que enseñaba, estudiaba en la Escuela Normal de Señoritas, en la que reafirmó su convicción de “rendir culto a la verdad, defender la justicia y practicar el bien como lo proclamaba Hostos”, destaca Galván.

Ercilia Pepín
Ercilia Pepín

Enseñó matemáticas, ciencias físicas y naturales en la Escuela Superior de Señoritas de Santiago; fue directora de la Escuela Graduada de Niñas Número 2; profesora de la Academia Santa Ana; inauguró la Escuela Ercilia Pepín y fue directora del Liceo Intermedio Méjico. Además, ofrecía clases particulares “a un grupo de damas de Santiago a quienes capacitaba como Maestras Normalistas y Bachilleres en Ciencias y Letras”.

Primera universidad

Inculcó en maestros y alumnos la celebración de efemérides patrias. Introdujo reformas en métodos y contenidos pedagógicos. Agregó a las asignaturas tradicionales dibujo, trabajos manuales, geografía evolutiva, manejo de globos y mapas, gimnasia, canto coreado.

Además, impuso el uniforme escolar, el trato de “usted” y señorita”, criticado en algunos periódicos.

Logró que se creara en 1915 “la primera universidad que existió en Santiago, el Instituto Profesional”, que ofrecía carreras de derecho, medicina, matemáticas, farmacia, odontología y notariado. Ercilia se matriculó en medicina. Fue suspendido por la Junta Militar Norteamericana en 1917.

Por otro lado, reclamaba mejores condiciones de vida para la mujer, defendió la dignidad y el derecho femeninos para “superar la ignominiosa injusticia lesiva a su condición humana”.

La campaña que libró frente al intruso norteamericano figura entre las más ardientes. Fue ejemplar su resistencia contra la “afrentosa intervención del imperialismo yanqui”, tan valiente como decretar Duelo Escolar por el asesinato del antitrujillista Andrés Perozo. Sergio Hernández en la Escuela Normal, y ella en el Liceo Méjico, izaron la bandera a media asta. Fueron destituidos.

Ercilia nació en Santiago el 7 de diciembre de 1886, hija de Juan Pepín y Edelmira Estrella. Murió de bronconeumonía el 15 de junio de 1939.

Su arrojo, así como el de su padre y el de su tío Perico Pepín, los hizo acreedores de admiración por lo que llamaron “Los Pepines” al sector donde nació y vivió Ercilia sus primeros años.

La calle

El 9 de mayo de 1973 se designó Ercilia Pepín la calle “7” de Los Minas, “como homenaje a quien fuera ejemplo de civismo, una de las cumbres de la intelectualidad femenina dominicana y de las más señeras del magisterio nacional”.

Fuente: https://hoy.com.do

Elizahenna Del Jesús
Elizahenna Del Jesús
Coordinadora Editorial en Plan LEA, Listín Diario, graduada Magna Cum Laude de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)

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