Duarte. El Padre de la Patria volvió a la República Dominicana en 1864, cuando la Guerra de la Restauración ya estaba en marcha. Permaneció apenas 28 días en su tierra antes de ser enviado en una misión diplomática a Venezuela, de donde nunca regresaría.
Hay regresos que duran poco, pero dicen mucho sobre una persona y sobre la historia de un país.
El 25 de marzo de 1864, Juan Pablo Duarte volvió a la República Dominicana después de casi 20 años de exilio. Regresaba cuando el país atravesaba nuevamente una lucha decisiva: la Guerra de la Restauración, iniciada en 1863 para recuperar la soberanía dominicana tras la anexión a España.
Duarte había sido expulsado de su propia patria mucho antes. Apenas seis meses después de proclamada la Independencia Nacional, el presidente Pedro Santana lo declaró traidor y dispuso su destierro a perpetuidad.
El joven fundador de la República fijó entonces su residencia en Venezuela. En 1848, cuando el presidente Manuel Jimenes decretó una amnistía que le permitía regresar, Duarte decidió permanecer fuera del país.
Pero las circunstancias cambiaron.
Un regreso en medio de la guerra
En 1864, Duarte supo que los dominicanos habían tomado nuevamente las armas contra España. Su respuesta fue regresar para ponerse al servicio de la causa.
El 1 de marzo de 1864, salió de La Guaira, Venezuela, acompañado por su hermano Vicente Duarte, su tío Mariano Díez, el coronel y poeta Manuel Rodríguez Objío y el venezolano Candelario Oquendo.
El 25 de marzo llegaron a Monte Cristi, territorio que ya estaba en manos de los restauradores. Allí Duarte fue recibido con honores por el comandante de armas, el general Benito Monción, quien lo acompañó hasta Guayubín.
El viaje continuó hasta Santiago, donde se encontraba instalado el gobierno de la República en armas. Los viajeros llegaron el 4 de abril.
La escena que encontró Duarte era muy diferente a la República que había ayudado a fundar 20 años antes. El país estaba en guerra y muchas ciudades habían quedado destruidas.
Una orden emitida el 24 de marzo de 1864, incluso antes de su llegada, muestra las condiciones de aquel momento. Desde el Gobierno se había solicitado preparar para Duarte y sus acompañantes varios catres, con sus respectivas sábanas y almohadas.
Puede parecer un detalle menor, pero en una ciudad afectada por la guerra, donde las condiciones eran precarias, aquel gesto revela que su llegada era esperada y recibida con consideración.
Duarte quería ir al frente
En Santiago, Duarte no pudo encontrarse con el presidente José Antonio Salcedo, quien se encontraba en los campos de combate del Este.
Sí pudo ver a Ramón Matías Mella, uno de sus compañeros de lucha desde los tiempos de La Trinitaria, quien se encontraba ya gravemente enfermo.
Duarte quería hacer más. Quería ir a los frentes de batalla y participar directamente en la lucha restauradora.
No se lo permitieron.
En lugar de incorporarlo a los combates, el Gobierno decidió encomendarle otra tarea. El 14 de abril, recibió la misión de representar diplomáticamente a la República en Venezuela.
El vicepresidente Ulises Francisco Espaillat, quien estaba encargado de los asuntos del Gobierno ante la ausencia de Salcedo, le comunicó oficialmente el 22 de abril que su salida se produciría al día siguiente.
Así terminó el breve regreso de Duarte.
Seis días después llegó a Saint Thomas y, posteriormente, el 23 de noviembre, a Caracas.
Nunca volvería a pisar suelo dominicano.
Veinte años habían cambiado el país
Duarte permaneció apenas 28 días en la República Dominicana durante aquel regreso de 1864.
Quizás uno de los aspectos más interesantes de este episodio histórico está precisamente en ese corto tiempo.
El hombre que había regresado ya no encontraba el mismo país que había dejado.
Habían pasado dos décadas desde la proclamación de la Independencia. Habían cambiado los dirigentes, las circunstancias políticas, las relaciones de poder y las necesidades de una nación que volvía a luchar por su soberanía.
Duarte había sido uno de los principales protagonistas de la fundación de la República, pero ahora regresaba a una realidad política y militar completamente distinta.
Su deseo de participar directamente en la guerra tampoco pudo concretarse. En cambio, terminó desempeñando una misión diplomática que lo llevaría nuevamente fuera de su patria.
Una lección sobre Duarte y su tiempo
El regreso de Duarte en 1864 invita a mirar la historia más allá de las fechas y los grandes acontecimientos.
Nos permite preguntarnos qué significa regresar a un país después de 20 años y encontrarlo transformado. También nos recuerda que los procesos históricos no siempre ocurren como esperan sus protagonistas.
Duarte regresó porque quería servir a la causa dominicana. Sin embargo, las circunstancias determinaron que su aporte se produjera desde otro lugar.
Aquel regreso fue breve, pero significativo.
Después de haber dedicado buena parte de su vida a la construcción de la República, Duarte volvió cuando esta atravesaba otra de sus grandes pruebas. Permaneció solo 28 días y partió nuevamente al exilio.
Esta vez, para no regresar jamás.
Texto: Rafael Chaljub Mejía
Foto: Ilustración de apoyo que no corresponde al momento histórico de la llegada de Duarte en 1864.
Fuente: historiadominicanaengraficas.com


