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Si regresar a clases te hace sentir que no encajas, esta carta es para ti

Querido wallflower:

Sé que quizá este regreso a clases te haga sentir que tienes que volver a empezar.

Otra vez los pasillos. Otra vez los grupos. Otra vez las miradas. Otra vez esa extraña sensación de entrar a un salón y preguntarte dónde sentarte, con quién hablar, qué decir y, sobre todo, quién deberías ser para que alguien quiera tenerte cerca.

Tal vez durante las vacaciones prometiste que esta vez sería diferente. Que hablarías más. Que cambiarías tu forma de vestir. Que dejarías de decir ciertas cosas. Que intentarías ser más divertido, más interesante, más seguro. Quizá incluso pensaste que necesitabas convertirte en una versión completamente distinta de ti para que, finalmente, alguien pudiera verte.

Magnific

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Pero quiero decirte algo antes de que vuelvas a intentarlo: No tienes que convertirte en otra persona para merecer un lugar.

Vivimos en un mundo que parece tener una fascinación enorme por quienes hacen ruido. Por quienes entran a una habitación y consiguen que todos los miren. Por quienes siempre tienen una respuesta, un grupo de amigos, una fotografía perfecta o una personalidad que parece ocupar todo el espacio.

Y entonces aprendemos, casi sin darnos cuenta, que ser querido significa ser visible. Pero no.

Hay personas que necesitan tiempo para hablar. Que observan antes de participar. Que tienen un mundo entero dentro de la cabeza aunque no siempre sepan cómo explicarlo. Personas que prefieren una conversación profunda a diez conversaciones superficiales. Personas que se sienten más cómodas escuchando, creando, escribiendo, dibujando, leyendo o simplemente siendo. Y eso también es una forma de estar en el mundo.

Ser un wallflower no significa estar vacío. A veces significa que estás creciendo en silencio.

Quizá nadie te lo ha dicho, pero no hay nada malo en ti por no parecerte a los demás.

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No tienes que vestir como ellos. No tienes que escuchar la misma música. No tienes que fingir que algo te gusta para formar parte del grupo. No tienes que reírte de aquello que te lastima. No tienes que esconder tus gustos, tus ideas, tus rarezas ni esa parte de ti que todavía estás descubriendo.

Tampoco tienes que obligarte a ser extrovertido si tu naturaleza es otra.

Porque ser tú no siempre significa caminar por los pasillos con absoluta seguridad. A veces ser tú significa tener miedo y, aun así, decidir no traicionarte para conseguir aprobación.

Habrá días en los que te sentirás fuera de lugar. Habrá personas que no entenderán tu manera de ser. Quizá alguien se burle de aquello que te hace diferente o te haga pensar que deberías cambiar.

Pero escucha esto con atención: Que alguien no sepa apreciar una parte de ti no significa que esa parte esté mal.

Una flor no deja de ser hermosa porque crezca lejos del jardín que todos están mirando.

Unsplash

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Y quizá eso es lo que más nos cuesta entender cuando somos jóvenes: creemos que pertenecer significa ser aceptados por todos. Que si no tenemos un lugar en determinada mesa, algo está mal con nosotros.

Pero crecer también consiste en descubrir que no todas las mesas son para nosotros.

Hay lugares de los que tendrás que irte. Personas con las que dejarás de hablar. Grupos en los que intentarás encajar y terminarás sintiéndote todavía más solo.

Y aunque en ese momento pueda parecer una derrota, a veces es simplemente la vida diciéndote: por aquí no es.

Tal vez este regreso a clases no se trate de conseguir más amigos, convertirte en la persona más popular o regresar con una versión “mejorada” de ti.

Tal vez se trate de algo mucho más importante: dejar de abandonarte para que otros se queden.

Porque llegará un momento en el que encontrarás personas con quienes no tendrás que ensayar tus respuestas. Personas con quienes podrás hablar de lo que realmente te gusta, reírte de tus propias rarezas, llegar con el cabello alborotado, contar una historia absurda, quedarte en silencio y descubrir que el silencio también puede ser compañía.

Personas con quienes no tendrás que preguntarte cada cinco minutos si estás siendo demasiado tú.

Y cuando eso ocurra, entenderás algo que quizá hoy todavía cuesta creer: nunca necesitaste encajar en todos lados. Solo necesitabas encontrar un lugar donde no tuvieras que dejar de ser tú para pertenecer.

Así que si este regreso a clases llegas sintiéndote pequeño o aislado, recuerda esto:

“No eres menos porque todavía no hayas encontrado a tu gente. No eres aburrido porque no seas el centro de atención. No eres raro porque tengas intereses distintos. No eres invisible porque otros todavía no hayan aprendido a mirarte”.

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Y, sobre todo, no tienes que apagar tu personalidad para que alguien más se sienta cómodo con tu luz.

Quizá todavía no sepas quién vas a ser. Está bien. No tienes que tenerlo todo resuelto a los 15, a los 18, a los 20 o a los 30.

Puedes cambiar de opinión. Cambiar de estilo. Cambiar de amigos. Descubrir nuevas pasiones. Dejar atrás versiones de ti que ya no te representan.

Puedes crecer. Pero que tu crecimiento no consista en aprender a esconderte mejor.

Que consista en aprender a quererte incluso cuando todavía estás descubriendo quién eres.

Y si mañana vuelves a entrar a ese salón con el corazón acelerado, recuerda que no tienes que conquistar el mundo. Solo tienes que entrar siendo tú.

Quizá, por primera vez, eso sea suficiente. Y si alguna vez vuelves a sentir que no perteneces, recuerda que no todos encontramos nuestro lugar al mismo tiempo.

Te lo dice una wallflower que, como tú, alguna vez se sintió ajena a un lugar, demasiado diferente para encajar y demasiado insegura para mostrarse tal como era.

Pero el tiempo me enseñó algo que entonces no podía imaginar: no siempre tienes que cambiar para encontrar tu lugar; a veces solo tienes que seguir caminando hasta encontrar a las personas correctas.

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Y hoy puedo decir que encontré el mío. Encontré personas con quienes puedo ser yo, conversaciones que quiero guardar para siempre y recuerdos que, con los años, se han convertido en algunos de mis tesoros más bonitos.

Por eso, si estás por comenzar una nueva etapa, no tengas tanta prisa por descubrir quién tienes que ser.

Baila. Goza. Ríe hasta que te duela el estómago. Enamórate de la vida. Haz amigos. Equivócate. Atrévete. Guarda fotografías. Crea recuerdos. Y, sobre todo, disfruta esta etapa.

Porque un día mirarás hacia atrás y entenderás que no necesitabas ser como los demás. Solo necesitabas darte la oportunidad de ser tú.

Con cariño.

De parte de una wallflower que finalmente encontró su lugar.

Fuente: https://www.msn.com/

Elizahenna Del Jesús
Elizahenna Del Jesús
Coordinadora Editorial en Plan LEA, Listín Diario, graduada Magna Cum Laude de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)

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