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¿La edad de los docentes influye en la enseñanza-aprendizaje de los alumnos?

Tras la documentación sobre este tema y preguntar a determinadas personas del mundo de la educación (docentes jubilados, docentes en colegios y futuros docentes) voy a realizar el siguiente artículo:
Se considera la edad de los docentes como un factor con mucha relevancia a la hora de la enseñanza y el aprendizaje de los alumnos. Se debe tener en cuenta que según la edad de los docentes, éstos consideran que a unas edades se está mejor física y psíquicamente para enseñar a los alumnos.
Como he podido comprobar, los docentes más jóvenes consideraban que para una buena enseñanza de los alumnos es necesario que los profesores sean más jóvenes, innovadores, etc. Ya que éstos consideran que en las primeras etapas como profesores están más motivados, ilusionados, y esto influye en el rendimiento académico de los alumnos ya que hay que tener en cuenta que, sobre todo, en los primeros ciclos de Primaria, los profesores son para los alumnos un modelo a imitar.
Por otro lado, los docentes más mayores valoran más la experiencia docente, considerando necesario, para ellos, que los alumnos tengan profesores con bastante experiencia para su correcto rendimiento. Éstos, al mismo tiempo, opinan que los profesores más maduros rinden más que los más jóvenes.
Por último, futuros docentes, entre los que me incluyo, opinan que se necesitan docentes jóvenes para innovar en educación y que se produzca una mejor enseñanza por parte de los profesores y un mejor aprendizaje por parte de los alumnos. Estos consideran que los docentes más jóvenes conectan mejor con los alumnos ya que tienen prácticas más innovadoras y utilizan medios tecnológicos con los que el alumno se motiva más para aprender.
En definitiva, como reflexión propia, considero necesario una renovación del profesorado y que se intente trabajar con profesores jóvenes, innovados y con ganas de trabajar. Desde mi punto de vista, la edad es importante para el desarrollo de una buena enseñanza a los alumnos, pero más importante es, sin duda alguna, las ganas de trabajar que un docente tenga. Lo más importante en este proceso es que los docentes sean docentes por vocación y no por el mero hecho de tener un «trabajo seguro». Considero que muchos de los problemas que hay en la educación española es que muchos de los docentes que ahora mismo se encuentran en colegios no es verdaderamente en lo que les hubiera gustado trabajar, sin embargo allí se encuentran. Éstos no muestran interés en que sus alumnos aprendan  y simplemente siguen un libro y las indicaciones que vienen en éste.
Por lo tanto, pienso que la edad está ligada a muchos factores, entre ellos, el nombrado anteriormente. Se necesita un profesorado innovador y que motive a los alumnos a aprender por medio de nuevas tecnologías y recursos interactivos.

Así influye en un niño el nombre que le ponen sus padres

Muchos padres empiezan a pensar en nombres para su bebé tan pronto como conocen el sexo. ¿Quién se imaginaría que la decisión de su nombre, más allá de ser un asunto de gustos y preferencias, puede influir en su bienestar?

Recordemos algo obvio: los bebés crecen y se convierten en alumnos que interactúan con sus pares y profesores en el colegio; más adelante, en hombres y mujeres profesionales que llevan ese nombre recibido toda la vida. Nombres que podrían ridiculizar a la persona, por ejemplo, por ser muy infantiles (como Mickey, Mafalda o Superman) o por recordar personajes ambiguos del presente o el pasado (como Osama, Adolf, Erdogan o Lenin) podrían no ser una buena idea.

Varias investigaciones evidencian que la victimización por bullying escolar reduce la autoestima y favorece adaptaciones psicosociales como la depresión y soledad de los afectados. Asimismo, hay estudios que demuestran que la violencia verbal (y física) que se experimenta en la escuela está correlacionada con el rendimiento escolar. Ni hablar de consecuencias de rechazo y violencia en la primera infancia relacionadas con componentes del desarrollo personal tan importantes como la autoestima o la autoregulación.

Dicho esto, se me ocurre que es preferible escoger un nombre que no sea causa de reacciones negativas o agresiones psicológicas o físicas por parte de otros. Esta simple medida puede contribuir desde una edad muy temprana a la salud, el bienestar emocional y los logros académicos futuros de nuestros hijos e hijas.

Hay muchas alternativas creativas para escoger un lindo nombre para un bebé. Aquí presento cinco propuestas sobre cómo proceder en la búsqueda y posibles riesgos de algunos de los nombres que pueden resultar de ella:

1. Consultar listas y estadísticas. La opción más fácil es una simple búsqueda en la web o un libro, ya que nos ofrece un sinnúmero de listas de los nombres más comunes, separados por sexo y muchas veces ordenados según popularidad, especificas por país y año. Aquí un ejemplo de nombres populares en España en 2014 y otro de EE UU, sistematizado por año y estado. La ventaja de usar un nombre popular es obvia: nunca tendremos que deletrear o explicar el nombre del bebé, todos lo han escuchado antes y lo entienden, aunque es a costo de la individualidad.

2. Honrar a algún familiar mediante el uso de su nombre. Una práctica común en el pasado era la elección del nombre del padre para el hijo primogénito. También podemos elegir el nombre de un padrino, una madrina u otra persona querida para recordarla. Sin embargo, podría resultar un nombre considerado “de los tiempos de los abuelos”, por lo cual algunos padres deciden colocarlo solo como segundo nombre.

3. Escoger un significado o atributo para el bebé mediante su nombre. Una amiga mía trabajaba en Filipinas donde tuvo a su primera hija y la nombró Tala, que significa “estrella” en filipino. Hay muchos otros ejemplos de nombres con significados: Milagros, Esperanza, Nieves, Victorio, Ángel o Félix. Una versión que nos debe llamar la atención por el mencionado peligro del bullying son nombres como Autobús o Madeinusa (“Made in USA”), que escuché en comunidades indígenas andinas. Me pregunto si las familias realmente eran conscientes del significado o simplemente fueron atraídos por lo exótico o extravagante de la palabra.

4. Recordar para siempre a un ídolo, héroe o santo preferido. Un amigo mío es boliviano con raíces alemanas y fanático de las carreras de Fórmula 1. Nombró a su hijo Michael, recordando a su ídolo Michael Schumacher. Una pareja ecuatoriana que se apellida López me presentó a su hija Jennifer López, y seguramente hay muchos Michael Jacksons en el mundo anglosajón. El peligro con las estrellas es que un bebé que lleva ese nombre puede convertirse en alguien muy diferente al ídolo, lo cual podría causar burlas evitables en el colegio. Otro nombre que gozó de mucha popularidad en América Latina por motivos políticos, después de los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, fue Osama. El peligro de rechazo de un niño con este nombre es obvio. Finalmente hay muchos niños y niñas con nombres religiosos como María, Jesús y José y santos cristianos como Santiago.

5. Honrar la tradición, la cultura o el origen familiar. Si la familia viene de una región con características geográficas o culturales especiales del país (como las islas Galápagos en Ecuador) o si uno o ambos padres pertenecen a una etnia particular, se puede reflejar esta identidad en un nombre indígena o regional característico. O se busca honrar una tradición familiar particular. Nuestra familia, por ejemplo, tiene la costumbre de que la mayoría de los nombres de sus integrantes inician con la letra J, incluyendo el apellido paterno. De esta manera, nuestro hijo recibió el nombre Jannik para continuar con esta tradición, además de representar la región y cultura de su madre en el norte de Alemania.

Fuente: elpais.com

Los superhéroes modernos son un mal ejemplo para los niños

Los niños son como una esponja.

Lo sabemos y no nos cansamos de repetirlo, pero quizá no somos plenamente conscientes de las implicaciones de esa frase. El hecho de que aprendan muchas cosas por imitación significa que captarán tanto lo bueno como lo malo del medio en que crezcan. Por eso, es fundamental tener cuidado con los ídolos con los que se identifican.

Un mundo donde los superhéroes luchan contra el mal

Batman, Spiderman, Superman, los X-Men, Ironman, el Capitán América, Wonder Woman y toda la saga de superhéroes modernos se han convertido en los ídolos de millones de niños en todo el mundo. Entran prácticamente todos los días en el salón de nuestras casas, de la mano del televisor o los cómics.

Todos estos superhéroes tienen algo en común: luchan por el bien en defensa de los inocentes. Siempre les vemos combatiendo crímenes, catástrofes, invasiones y cualquier otro tipo de amenaza que ponga en riesgo al mundo. Sin duda, estos superhéroes son un ejemplo de sacrificio, desinterés y servicio a la comunidad. O, al menos, eso pensamos los padres; sin embargo, todo no es tan fantástico.

La violencia impresiona más que los buenos valores

Sarah M. Coyne, una investigadora de la Universidad Brigham Young, nos alerta de que los mejores valores que representan los superhéroes no suelen calar muy profundo en sus pequeños admiradores. Sin embargo, otras lecciones menos favorables sí dejan marcas.

Esta psicóloga analizó a 240 niños en edad preescolar y descubrió que, al cabo de tan solo un año, aquellos que más se habían expuesto a las aventuras de los superhéroes adoptaban rápidamente los aspectos más agresivos de su comportamiento, haciendo caso omiso de los valores altruistas. En el estudio, publicado en el Journal of Abnormal Child Psychology, también se aprecia que esas historias violentas ejercen un efecto desensibilizador, lo cual hace que los niños sean menos empáticos con las víctimas del acoso escolar y se conviertan en testigos mudos de este o incluso lo alienten.

“Muchos padres creen que la cultura de los superhéroes contribuirá a que sus hijos defiendan a otros y sean más agradables con sus coetáneos, pero nuestro estudio demuestra que ocurre exactamente lo contrario. Los niños adoptan los comportamientos agresivos, no los valores de defensa”, explica Coyne.

¿Por qué los niños aprenden los malos comportamientos?

Coyne explica que, en muchas ocasiones, la complejidad de las películas, las series o los cómics que protagonizan los superhéroes impide que los niños saquen un mensaje constructivo. En otras palabras: muchos de esos programas no están hechos para niños en edad preescolar, por lo que les resulta difícil comprender que las peleas en las que se involucran sus ídolos están “justificadas” por principios morales.

A esa edad, algunos niños todavía no tienen la capacidad cognitiva necesaria para captar los valores positivos desligándolos del contexto negativo. Su pensamiento es eminentemente concreto, por lo que se centran en las cosas más evidentes, como los comportamientos violentos.
De hecho, en el estudio se aprecia que el 20% de los niños asociaron los superhéroes con alguna habilidad violenta. Cuando les preguntaron quién era su superhéroe preferido y por qué, algunos respondieron: “Es muy grande y golpea muy bien”, “porque puede aplastar y destruirlo todo” o “porque puede matar”.

Otra psicóloga que también estudia el tema, Sharon Lamb, añadie que: “Existe una gran diferencia entre las películas de superhéroes de la actualidad y los cómics del pasado. Los superhéroes de hoy son básicamente personajes de acción que se involucran en continuas escenas de violencia, son agresivos, sarcásticos y casi nunca hablan de la necesidad de hacer el bien por la humanidad”.

¿Debemos prohibir los superhéroes a los niños?

No es necesario eliminar los programas de superhéroes de la dieta visual de los niños. Los superhéroes forman parte de la magia de la infancia y alimentan la fantasía. El secreto radica en el equilibrio, en lograr que los niños también se identifiquen con otros personajes.

También es fundamental que resaltemos los valores positivos de los superhéroes y expliquemos los matices más sutiles que los niños no llegan a captar, de manera que comprendan que la violencia nunca es la solución a los problemas.

Cómo influyen los colores en la conducta de los niños

¿Sabes en qué consiste la colorterapia o psicología del color? Se trata de utilizar los colores para cambiar un estado de ánimo o una conducta. Los colores ayudan a conseguir la calma, o por el contrario, nos aportan más energía. Y los colores, sí, también nos ayudan a concentrarnos.

Por ejemplo, según la interiorista Susanna Cots, el blanco es el color más beneficioso para creatividad de los niños. De ahí que la mayoría de los muebles infantiles se presenten en este color. Te parecerá sorprendente, pero los colores tienen un gran poder sobre nosotros. Te explicamos cómo influyen los colores en la conducta y emociones de los niños, así como en su aprendizaje.

Tabla de los colores

La ciencia está de acuerdo en que los colores ejercen un poder sobre el estado de ánimo de las personas. Y que también pueden mejorar la concentración, disminuir o aumentar la agresividad, ayudar a conciliar el sueño o estimular la memoria.  Los colores pueden influir también en la conducta de los niños. Te explicamos de qué forma.

El blanco: Tal vez pienses que el color más ligado al a creatividad sea el amarillo, o el naranja, por eso de que es vital y transmite energía y optimismo. Pues la realidad es que no es ese color el mejor aliado de la creatividad infantil. Según la interiorista Susana Cots (Girona, España), el color blanco es el mejor color para decorar las habitaciones de nuestros hijos, ya que es el que transmite pureza, calma y orden visual, y por tanto, es el mejor para incentivar la creatividad.

El rojo: Aporta energía y vitalidad, pero también puede producir algo de agresividad. Es recomendable para niños más retraídos o tímidos, y debe evitarse sin embargo en el caso de niños muy movidos, niños con hiperactividad o aquellos niños que tienden a exteriorizar su enfado por medio de rabietas.

El amarillo: Es un color ligado al estímulo intelectual. Como el color rojo, es un color muy vital. También es muy beneficioso para estimular la concentración de los niños. También muy útil para niños con depresión, ya que transmite mucho optimismo.

El azul: Se trata de un color relajante que transmite serenidad y paz. Muy indicado para niños con problemas para dormir, ya que beneficia el sueño. Es bueno para niños muy activos, pero no está indicado para niños tranquilos, ya que su exceso puede producir somnolencia.

El verde: Los psicólogos dicen que el verde consigue el equilibrio. Es un color excelente para transmitir armonía y calmar el sistema nervioso. Incluso puede ayudar a mejorar la capacidad lectora, tanto en velocidad como en la comprensión lectora. Ideal para niños más nerviosos o con problemas para manejar sus emociones. También como no, para niños con tendencia a las rabietas. Sin embargo, usar el color verde en exceso puede promover la pereza.

El naranja: Este color es una perfecta combinación de los beneficios del color rojo y el amarillo. Además, estimula la comunicación (perfecto para niños a los que les cuesta más hacer amigos) y algunos psicólogos aseguran que también es bueno para niños con poco apetito.

El morado o Púrpura: Combina la tranquilidad del azul y la energía del rojo, por lo que es un color bastante equilibrado, y muy ligado a potenciar la intuición.

Fuente: guiainfantil.com