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Por qué es importante el aire que respiramos

Carolina Jiménez
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Santo Domingo
De acuerdo al objetivo central de Semana de la Geografía 2019, “crear conciencia sobre la importancia de desarrollar planes de manejo para reducir la generación de los residuos sólidos que se producen en los centros educativos, los hogares, y en las comunidades”, resaltamos la importancia que tiene llevar a cabo estos planes para cuidar nuestro medio ambiente desde los factores fundamentales para la vida de los seres vivos.
El aire que respiramos…
Al igual que el agua, el aire es fundamental para la vida de los seres vivos. Tanto así que debemos tener conciencia que de su calidad dependen nuestras vidas; la salud, el buen funcionamiento y actividad del organismo, la adecuada circulación sanguínea, el buen funcionamiento del cerebro y, en resumen, la mayor duración y calidad de vida.

Se dice que podemos sobrevivir más de cuarenta días sin ingerir alimentos y unas cuantas jornadas sin líquidos, pero apenas unos minutos sin respirar.

Además de la importancia del aire para nuestra salud y vivencia, este es el responsable de que las plantas puedan realizar la fotosíntesis, y de que podamos protegernos de la radiación solar.

Un hecho lastimoso es que el aire que respiramos cada vez está siendo más contaminado. Según el portal de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, Medline Plus, “la contaminación del aire es una mezcla de partículas sólidas y gases”. También indica que las emisiones de los automóviles, los compuestos químicos de las fábricas, el polvo, el polen y las esporas de moho pueden estar suspendidas como partículas. Otro componente señalado como contaminador del aire en las ciudades, es el ozono.

Ariadna García, bióloga, explica en el portal ecologiaverde.com la importancia del aire para los seres vivos; la fotosíntesis, capa de ozono, fuente de agua, viento y efecto invernadero.

Fotosíntesis: Las plantas y el resto de los organismos fotosintéticos utilizan el dióxido de carbono presente en el aire como fuente de carbono para crear sus estructuras y obtener energía.

Capa de ozono: García define la capa de ozono como una capa de la atmósfera que contiene ozono (O3) y se encuentra entre la troposfera y la estratosfera. La bióloga dice que debido a la gran contaminación atmosférica, dicha capa se ha debilitado y se ha creado lo que se llaman “agujeros” de la capa de ozono. Esto provoca graves consecuencias sobre la salud y el desarrollo de la vegetal.

Fuente de agua: Como bien se mencionó en el inicio de este artículo, el agua y el aire son fundamentales para la vida. García argumenta que: “El aire contiene un gran porcentaje de vapor de agua, este forma las nubes. Cuando las nubes se elevan y se enfrían a causa de la disminución de la temperatura el vapor de agua se convierte en precipitación, y que cae a la superficie terrestre en forma de agua, hielo o nieve. Una vez que se produce la precipitación los seres vivos disponen de agua líquida para hidratarse, como medio de vida donde crecer y reproducirse, para sus reacciones metabólicas, etcétera”.

Viento: García lo define como aire en movimiento. “El viento influye en el clima tanto a nivel local como global y en zonas de costa es responsable del oleaje. El viento también es capaz de transportar nutrientes y microorganismos a distintos lugares. Muchas plantas también dependen del viento para la polinización y la dispersión de sus frutos. Algunos seres vivos como insectos, aves o mamíferos necesitan del viento para poder volar y migrar a otros lugares en busca de territorio, alimento y pareja. Para los seres humanos el viento es un recurso económico muy importante pues gracias a este movimiento del aire podemos obtener energía limpia y barata”, enfatiza.

Efecto invernadero: La bióloga explica que a priori este efecto suele ser considerado como una consecuencia negativa de la contaminación atmosférica, pero que en realidad es importante para la vida en la Tierra. “Gracias a gases como el dióxido de carbono o el metano se crea en la atmósfera una capa de gases que permiten la entrada de los rayos solares, pero no su salida. Esto hace que la Tierra tenga una temperatura adecuada para que exista agua líquida sobre su superficie la cual es imprescindible para el desarrollo de la vida”, argumenta.

Sustancias que contaminan el aire

Aparte de las ya mencionadas, otras sustancias que se consideran contaminantes para nuestro medio ambiente son las sustancias sólidas, óxidos de azufre y nitrógeno, anhídridos y materiales y ácidos orgánicos. Se explica que “cuando entran en contacto con el aire, estos compuestos inciden sobre toda la población, afectando en mayor medida a las personas más vulnerables, que son los enfermos, los ancianos y los niños”.

Una de las contaminaciones más peligrosas, aunque no parezca, es la producida por los vehículos y los motores de combustión o explosión. Esto a causa de la gran cantidad de plomo, benceno, óxidos de carbono e hidrocarburos que emite.

Todo indica que la contaminación atmosférica debida a emisiones masivas de sustancias nocivas al aire altera de forma considerable el delicado equilibrio natural y armónico de medio ambiente.

Así afecta la contaminación del aire a nuestro cuerpo y a nuestras vidas

Cada cierto tiempo saltan todas las alarmas en las grandes (y no tan grandes) ciudades y en las noticias empiezan a hablar de la contaminación del aire.

A nadie se le escapa que la polución hace que nos cueste respirar, que nos resulte menos placentero hacer deporte al aire libre y, en casos como Madrid, que se puedan ver partículas de “porquería” en el ambiente. Sin embargo, ¿tenemos realmente claro cómo afecta la contaminación de aire a nuestras vidas?

Es de sabiduría popular que el tráfico y las fábricas son los principales contaminantes de nuestras ciudades. En especial, la contaminación de los coches, camiones y todo tipo de vehículos motorizados afecta a los lugares en los que vivimos y lo más peligroso es que no se ve.

La contaminación del aire en España

En España, el 95% de la población se ve afectada por la contaminación del aire que respiras. Es decir, alrededor de 45 millones de personas respiran aire contaminado. Así lo dice un informe de Ecologistas en Acción basado en las recomendaciones que da la Organización Mundial de la Salud (OMS) para medir la polución.

¿Qué podemos encontrar en el aire que respiramos?

Uno de los contaminantes más peligrosos al que nos enfrentamos a diario es el dióxido de nitrógeno que sale de los tubos de escape y de las llantas. Este llega directamente a nuestros pulmones en forma de partículas microscópicas, sin que podamos hacer nada para evitarlo.

Las partículas más grandes se quedan en la nariz, pero las más pequeñas recorren nuestro cuerpo hasta llegar al cerebro y a los nervios que lo conectan. Los expertos dicen que estas partículas provocan enfermedades cardíacas, pulmonares y asma.Además, hay indicios de que pueden interrumpir las conexiones entre neuronas y, por tanto, provocar demencia.

¿Cómo atajar el problema de la contaminación del aire?

Según Ecologistas en Acción, es un problema que “debería abordarse como un problema de primer orden“, ya que provoca casi 20.000 muertes prematuras al año por afecciones que se derivan de la contaminación del aire.

Algunas ciudades del mundo ya han decidido abordar la contaminación reduciendo el tráfico motorizado en sus núcleos urbanos y favoreciendo la utilización del transporte público. Lo único que se necesita es voluntad política y dejar de mirar hacia otro lado: la contaminación del aire es un tema muy serio que necesita atajarse lo más rápido posible.

Fuente: muhimu.es

La importancia de la actividad y contacto con la naturaleza en niños y niñas

La potencia del aprendizaje por descubrimiento radica en el contacto directo que niños y niñas tienen con el entorno. A través de la experiencia de sus sentidos vitales, del tacto, el movimiento y el equilibrio, se favorecen las redes y conexiones internas que beneficiarán la óptima maduración biológica, despertando las ganas de aprender y de explorar, facilitando el desarrollo motriz y activando su imaginación a través del juego.

El movimiento corporal coordinado y la alegría de descubrir el mundo con ayuda de todos los sentidos, es un don natural durante la primera infancia. Y cuando esta experiencia se da en relación con otros, aparecen nuevas posibilidades de aprendizaje, respecto de sí mismo y los pares: convivir, explorar juntos, arriesgarse y cuidarse mutuamente.

Relacionarse con la naturaleza, el árbol, el río, los animales, son aspectos connaturales al ser humano y en la medida que se faciliten y amplíen estos vínculos al medio en el cual crecemos, más posibilidades existen que sus beneficios se extiendan a los años que siguen.

La actividad educativa de hoy nos llama a re-crear formas de relación en las cuales potenciemos la vivencia de sentir el esfuerzo y logro junto al placer, disfrutar el ejercicio, la libertad de sentir sabores, olores, sonidos, sensaciones, desafíos y encuentros. En definitiva, desplegar nuestro potencial en juegos donde los materiales e instrumentos seamos nosotros mismos.

Cuando niños y niñas son actores protagónicos, los beneficios se amplían a todas las dimensiones de la vida. La vida activa, sobre todo en contextos naturales, disminuye la falta de interés que pudiese existir en lo relacionado con el aprendizaje de contenidos pedagógicos.

Esto sucede porque permite sentirse parte de un mundo que sólo se construye desde la vivencia directa en espacios y oportunidades de encuentro. En caso contrario, mientras más sedentario permanece, sin necesidad de generar recursos que le presenten nuevas contingencias, nuevos despliegues de sí mismo, se produce un proceso de falta de interés, de acumulación de energías, poco aprendizaje y menos habilidad para la autonomía.

Por lo tanto, en la exploración activa de su entorno, el niño y la niña definen sus posibilidades de desarrollo. El ejercicio, la vida activa y en contacto con la naturaleza, nos entrega la condición de constituirnos en seres humanos reales y generadores de mundo.

Nuestra experiencia

El contacto con la naturaleza en la primera infancia es una huella imborrable, que se guarda como semillas que más adelante germinarán en buenos recuerdos e importantes aprendizajes. Nuestro compromiso como Fundación Caserta es ser un puente que facilita este contacto vital.

Paulita a sus 7 años no podía comprender porqué se sentía tan sola. Tenía una amiga en la escuela, “pero no tanto porque me dice que soy guatona”. Cuando llegaba a su casa, no había más compañía que un plasma que proyectaba las imágenes de dibujos animados una tras otra.

A Matías lo habían echado ya de un colegio y tenía un amplio historial de mala conducta. Sabía que portarse mal era hacer todo aquello que más le gustaba, como correr entre los bancos de la clase, gritar para llamar la atención de sus compañeros y especialmente, subirse a los muros y burlar al inspector del colegio.

Paula y Matías fueron invitados a participar a tres salidas a la naturaleza con su curso, en un cerro aledaño a su comuna. La primera vez nos fue casi imposible hacer que Matías se bajara de un árbol y nos tomó media hora lograr que volviera con nosotros para subir al bus de regreso.

Paulita le temía a todo, si no fuera por que la llevábamos de la mano, caminar en los senderos era para ella similar a una visita al dentista, una verdadera pesadilla.

Había pasado un mes y volvimos al cerro; hicimos varios acuerdos con Matías en los cuales se comprometió a obedecer y especialmente, a no subirse a los árboles. Paulita no quería ir, la llevamos convencida de que la acompañaríamos en el recorrido (y que al regreso habría helado).

Era otoño y el cerro parecía un festival de colores, los niños jugaban a saltar entre las hojas y a encontrar una variedad infinita de insectos que nos traían como trofeos.

Matías no aguantó sus ganas y se subió al mismo árbol que la primera vez. Esta vez le dijimos que como sólo él podía hacerlo, nos contara lo que veía desde arriba. Al regreso del recorrido, dibujó ese paisaje en clase de tecnología. A final de año, su dibujo se había convertido en un mapa lleno de misterios y señaléticas.

Paulita poco a poco fue tomando confianza y nos sorprendió a todos cuando la vimos con un cienpiés entre sus manos a quien le llamó Don Juancho y llevó a vivir a su jardín. Al regreso, en clase de lenguaje los motivamos a escribir sobre la naturaleza.

“Yo pensaba que la naturaleza es algo que está afuera, algo aburrido y verde, como los árboles solamente. Ahora me doy cuenta que la naturaleza es el Juancho, las hojas, la tierra, el sol y todo, yo también soy la naturaleza y por eso, nadie está solo, yo tampoco, ni mi papá”, escribió.

Recomendaciones

La experiencia al aire libre de los niños y niñas debe ser más intensiva que extensiva
No se recomienda la actividad aeróbica (no es necesario agotarlos, sino sólo que interactúen con el entorno)
Ya que su capacidad de asombro es absoluta, en cada rincón encuentran un universo. No es necesario dar la vuelta al mundo para conocerlo todo, en un pequeño espacio podrán aprender muchas cosas.
Hay que evitar la sobre dirección, no hay que tratar de dirigirlos ni de planificar tanto estas salidas (“hoy vamos a llegar a la punta del cerro”).

Ocuparse de los cuidados necesarios para que disfruten esta actividad (bloqueador solar, agua, frutas, etc.).
Se trata fundamentalmente de brindar la posibilidad del encuentro con el entorno en base a los sentidos del tacto, equilibrio, movimiento y experiencia vital.

Fuente: crececontigo.gob.cl