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El papel de la tecnología en la educación inclusiva

Emelinda Padilla Faneytt

En este especial de Plan LEA, Emelinda Padilla Faneytt, directora de Habilitación Inclusiva de Rehabilitación, conversa sobre las posibilidades que ofrecen la tecnología y la inteligencia artificial para hacer de la educación un espacio más accesible e inclusivo.

Imaginemos a un niño con trastorno del espectro autista que necesita anticipar lo que ocurrirá durante su jornada y encuentra en una agenda visual una manera más comprensible de organizarse. Pensemos en otro que tiene dificultades para expresar verbalmente lo que necesita y puede apoyarse en imágenes, símbolos o dispositivos de comunicación. O en un estudiante con dificultades de aprendizaje que logra comprender una instrucción cuando el contenido se presenta de otra manera, con menos información, apoyos visuales o a un ritmo diferente.

Para un adolescente que necesita trabajar el reconocimiento de emociones y la autorregulación, determinadas herramientas digitales pueden servir como apoyo para identificar lo que siente, anticipar situaciones o practicar respuestas. Y para un estudiante con una condición física que limita algunos movimientos, la tecnología puede ofrecer otras formas de escribir, acceder a materiales, comunicarse o participar en una actividad.

Es ahí donde la conversación sobre tecnología, inteligencia artificial y educación inclusiva deja de ser un asunto del futuro y se convierte en algo profundamente cotidiano.

Desde hace años contamos con las llamadas tecnologías de apoyo: recursos creados para favorecer la autonomía, el aprendizaje, la comunicación y la participación de personas que encuentran determinadas barreras. Algunas son sencillas; otras, altamente especializadas. Pueden incluir sistemas de comunicación mediante imágenes, teclados adaptados, lectores de texto, aplicaciones para organizar rutinas o herramientas que facilitan la escritura y la comprensión.

La inteligencia artificial amplía ahora esas posibilidades.

Puede ayudar a adaptar un texto a distintos niveles de comprensión, transformar voz en escritura, generar apoyos visuales, ofrecer diferentes maneras de presentar una explicación o facilitar determinados procesos de comunicación. Utilizada con criterio, puede ayudar a que los apoyos educativos respondan mejor a las características particulares de cada estudiante.

Pero ahí aparece también una palabra fundamental: criterio.

La tecnología no diagnostica a un niño en toda su complejidad; la complementa. Tampoco conoce por sí sola su historia, su familia, sus emociones ni aquello que ocurre cuando entra a un aula, interactúa con sus compañeros o enfrenta una situación que le resulta difícil.

Por eso, una herramienta tecnológica nunca debería sustituir la mirada profesional ni el vínculo humano.

Tampoco debemos confundir personalización con aislamiento. Que un estudiante pueda aprender de una manera diferente no significa separarlo de los demás. Precisamente, uno de los grandes aportes de la tecnología debería ser ayudar a eliminar barreras para que pueda participar más, comunicarse mejor y desarrollar progresivamente mayores niveles de autonomía.

Nuestro país ya comienza a tener experiencias interesantes. El Ministerio de Educación y UNICEF han trabajado con recursos educativos digitales accesibles, incorporando alternativas para responder a diferentes necesidades. Estas experiencias nos recuerdan algo esencial: entregar una herramienta no garantiza inclusión. Se necesitan profesionales preparados, condiciones adecuadas y, sobre todo, claridad acerca del propósito educativo que perseguimos.

Ese desafío alcanza directamente a docentes, terapeutas del lenguaje, psicólogos, psicopedagogos, especialistas de diferentes disciplinas, familias y equipos de gestión.

No necesitamos solamente aprender a utilizar inteligencia artificial. Necesitamos aprender a preguntarnos: ¿para qué la necesita este niño?, ¿qué barrera queremos ayudarle a superar?, ¿qué capacidad queremos fortalecer?, ¿qué puede hacer ahora con apoyo que mañana esperamos que pueda hacer con mayor autonomía?

Desde esa perspectiva se prepara también REHABILITACIÓN para enfrentar los desafíos de esta nueva realidad.

Durante décadas, REHABILITACIÓN ha acompañado a niños, adolescentes, personas adultas y sus familias desde una concepción integral de la rehabilitación. En sus servicios educativos y terapéuticos convergen precisamente muchas de las realidades para las cuales la tecnología puede abrir nuevas oportunidades: trastorno del espectro autista, dificultades del lenguaje, aprendizaje y conducta, así como diferentes condiciones físicas que requieren apoyos específicos.

Esa experiencia interdisciplinaria representa una fortaleza importante para entrar en esta nueva etapa. Porque incorporar tecnología a estos procesos no puede ser responsabilidad exclusiva de quien conoce de tecnología. Requiere diálogo entre educación, psicología, psicopedagogía, lenguaje, rehabilitación, familias y otros profesionales que conocen a la persona y comprenden sus necesidades.

REHABILITACIÓN se plantea continuar fortaleciendo sus servicios educativos, modernizar progresivamente procesos académicos y pedagógicos, desarrollar nuevas competencias en sus equipos, explorar tecnologías de apoyo aplicables a las necesidades de sus usuarios y avanzar hacia procesos de evaluación y diagnóstico cada vez más organizados, integrados y eficientes.

La innovación también deberá acompañar uno de los propósitos fundamentales de nuestro trabajo: preparar a niños y adolescentes no solamente para aprender contenidos, sino para comunicarse, relacionarse, tomar decisiones, ganar autonomía y participar de manera cada vez más plena en la vida familiar, educativa, social y, posteriormente, laboral.

Ese es el horizonte.

No se trata de incorporar inteligencia artificial porque esté de moda. Se trata de reconocer que tenemos delante herramientas nuevas y preguntarnos responsablemente cómo ponerlas al servicio de quienes acompañamos.

Porque quizás el verdadero indicador de innovación no sea cuánta tecnología utilizamos, sino cuántas barreras logramos derribar con ella.

REHABILITACIÓN tiene ante sí el desafío de continuar haciendo lo que ha construido durante décadas, ahora con nuevas herramientas: acompañar a cada persona desde sus capacidades, ofrecerle los apoyos que necesita y trabajar para ampliar sus oportunidades de participación desde un enfoque de derechos.

La tecnología seguirá cambiando. La inteligencia artificial también.

Nuestra responsabilidad es lograr que, mientras todo eso cambia, la persona permanezca siempre en el centro.

La autora es directora de Habilitación Inclusiva de Rehabilitación, desde donde desarrolla su labor vinculada a la inclusión y la atención a personas con discapacidad.

Emelinda Padilla Faneytt
Emelinda Padilla Faneytt
Doctora en Educación con más de veinte años de trayectoria en docencia, consultoría, investigación y gestión educativa. Ha trabajado como asesora y formadora de docentes en todos los niveles, y colaborado con organismos como UNICEF, OEI, BID, FLACSO e INAFOCAM. Es fundadora de Red-Explora y del Centro Educativo Explora, y ha liderado múltiples proyectos sobre primera infancia, transición educativa y prevención de uniones tempranas. Posee formación en Ingeniería de Sistemas, Maestría en Educación, Administración de Negocios, y Doctorado en Educación por la Universidad de Sevilla. Ha sido docente universitaria en instituciones como INTEC, ISFODOSU y UFHEC, y miembro de redes académicas como REDOLAC, RED y REDCA.

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