A los 14 años, Lucas Figueiredo Medeiros ya sabe que una buena idea no siempre necesita grandes recursos para comenzar. A veces basta con observar un problema, hacerse una pregunta y tener la curiosidad suficiente para intentar resolverlo.
Lucas es estudiante del Colégio Santa Maria, en Recife, Brasil, y su proyecto nació cuando cursaba sexto grado. La escuela les planteó a sus estudiantes el reto de desarrollar una propuesta que pudiera generar un impacto real en la sociedad.
Él pensó en el agua.
En el semiárido del nordeste brasileño, conseguirla sigue siendo una dificultad para muchas familias y, en algunas comunidades rurales, hay personas que deben recorrer largas distancias para abastecerse. Lucas conocía esa realidad y comenzó a preguntarse si era posible bombear agua sin utilizar electricidad.
La pregunta terminó convirtiéndose en un proyecto
Con botellas PET, piezas metálicas, chatarra y componentes recuperados de equipos viejos, el adolescente construyó un sistema capaz de utilizar la fuerza del viento para bombear agua. La idea era sencilla en apariencia: aprovechar una fuente de energía disponible en esas zonas y reducir, al mismo tiempo, el costo de una solución que pudiera ser utilizada por las comunidades.
El proyecto llegó a ser hasta un 70 % más económico que las bombas eólicas tradicionales, según la información difundida sobre el invento.
Pero quizá uno de los pasos más interesantes ocurrió antes de que el prototipo estuviera terminado. Lucas no se quedó trabajando únicamente en su mesa de estudio. Visitó comunidades rurales y conversó con agricultores para conocer de primera mano qué necesitaban y qué condiciones debía tener una solución que realmente pudiera servirles.
Ese contacto ayudó a darle otra dimensión al proyecto
La propuesta comenzó a recibir reconocimientos. Primero obtuvo una medalla de bronce en la Feria Nordestina de Ciencia y Tecnología. Después llegó hasta la International Greenwich Olympiad, en Londres, donde consiguió una medalla de oro. También tuvo la oportunidad de representar a Brasil en Abu Dhabi.
Las medallas, sin embargo, no parecen ser el punto final de la historia.
Lucas continúa trabajando en una nueva versión de la bomba con la intención de que el sistema pueda llegar a comunidades de su región. Uno de los objetivos es que pueda instalarse y mantenerse sin depender de electricidad ni de conocimientos técnicos especializados.
Hay algo especialmente interesante en su historia: el proyecto comenzó como una tarea escolar y terminó obligándolo a pensar como investigador, inventor y también como alguien que debía entender las necesidades de otras personas.
Eso es lo que puede ocurrir cuando la ciencia deja de ser solamente una materia en el programa de clases y se convierte en una manera de mirar lo que ocurre alrededor.
Una botella de plástico que iba a terminar en la basura, una pieza de metal que ya no servía y la fuerza del viento fueron suficientes para que un adolescente comenzara a buscar una respuesta a un problema que afecta a comunidades enteras.
Y quizás ahí está lo más valioso de una feria de ciencias: no siempre se sabe hasta dónde puede llegar una pregunta que nació en el aula.
Fuente: Emprendiendo Historias/ Facebook


