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Leer el país desde sus cuentos: una reflexión para la educación dominicana

POR JUAN CARLOS CRUZ PEÑA   |   Investigación y educación

Los cuentos dominicanos pueden hacer más que enseñar narrador, personajes y argumento. También permiten conversar con evidencia sobre trabajo, autoridad, creencias, identidad y las relaciones que organizan la vida del país.

Reflexión derivada de la investigación de maestría sobre las costumbres dominicanas en cuentos de Sócrates Nolasco y Juan Bosch.

¿Qué aprende un estudiante cuando identifica el narrador, enumera los personajes y resume el argumento de un cuento dominicano? Aprende herramientas necesarias para comprender un texto. Pero, si la lectura termina ahí, puede quedarse sin discutir lo que ese relato tiene que decir sobre el trabajo, la autoridad, las creencias y las relaciones que organizan la vida de sus personajes.

Esta pregunta surge de mi investigación de maestría sobre la representación de las costumbres dominicanas en seis cuentos de Sócrates Nolasco y Juan Bosch, analizados desde los planteamientos de Stuart Hall sobre identidad cultural y representación. El estudio examinó textos literarios; no evaluó prácticas docentes ni midió aprendizajes. Por eso, las propuestas educativas que presento son una reflexión derivada de sus hallazgos, no resultados comprobados de una intervención en las aulas.

La investigación permitió reconocer que las costumbres adquieren significado dentro de situaciones concretas. El conuco se relaciona con la subsistencia familiar; las creencias religiosas, con la incertidumbre; las formas de hablar, con la pertenencia y las jerarquías. Leer esas relaciones ofrece una oportunidad para que la literatura dominicana forme parte de una conversación educativa sobre el país, más allá del reconocimiento de nombres, fechas y títulos.

Una identidad que también se interroga

Enseñar identidad cultural puede llevarnos a destacar aquello que reconocemos como propio: tradiciones, expresiones, celebraciones y formas de vida. Ese reconocimiento tiene valor. Sin embargo, una educación que aspire a comprender la cultura necesita abrir espacio para examinar sus contradicciones.

Los cuentos analizados permiten hacerlo. En sus páginas aparecen vínculos familiares y saberes populares, pero también dependencia laboral, silenciamiento y violencia. La pertenencia cultural se construye en medio de esas relaciones.

Desde la perspectiva de Hall utilizada en la investigación, la identidad no constituye una esencia inmóvil. Esta idea plantea una tarea para la escuela: ayudar al estudiante a reconocer continuidades culturales y, al mismo tiempo, comprender que las prácticas pueden transformarse y discutirse.

“Valorar una tradición no obliga a justificar todo lo que ocurre en su nombre.”

Un estudiante puede apreciar el habla de sus abuelos y cuestionar una expresión que descalifica a las mujeres. Puede reconocer una creencia familiar y examinar cómo funciona dentro de un relato. Puede sentirse parte de una comunidad sin considerar aceptables todas sus relaciones de poder.

La literatura ofrece situaciones para desarrollar esas preguntas sin reducir la identidad a una lista de cualidades positivas.

Del cuestionario a la conversación fundamentada

En Los amos, de Juan Bosch, la relación entre Cristino y don Pío permite discutir qué sucede cuando la enfermedad limita la capacidad de trabajar y quien controla el empleo decide cómo responder. Preguntar quiénes son los personajes constituye un punto de entrada. Preguntar cómo el diálogo hace visible la desigualdad exige regresar al texto, seleccionar evidencias y construir una interpretación.

En Dos pesos de agua, la experiencia de Remigia permite relacionar la sequía con la economía familiar, el arraigo y la esperanza religiosa. La conversación puede detenerse en una cuestión: ¿qué significa permanecer en un lugar cuando las condiciones para vivir en él se deterioran? Las respuestas deben considerar la situación del personaje, sin convertir su decisión en una lección universal sobre lo que cualquier persona debería hacer.

En los relatos de Nolasco, la presencia de voces que transmiten creencias y conocimientos del entorno permite examinar quién cuenta, qué sabe y cómo obtiene reconocimiento. También invita a distinguir entre el saber representado en la narración y lo que necesitaríamos investigar para describir una comunidad real.

El cambio pedagógico está en la tarea que proponemos. Si pedimos una opinión sin exigir sustento, podemos obtener impresiones generales. Si solicitamos comparar dos intervenciones, explicar una decisión o defender una lectura con fragmentos, hacemos de la interpretación un trabajo que puede discutirse y revisarse.

“La interpretación debe volver al texto: seleccionar evidencias, justificar una lectura y estar dispuesta a revisarse.”

Escuchar las voces sin convertirlas en caricatura

El lenguaje de los personajes merece atención en la enseñanza. Sus expresiones no deberían utilizarse únicamente para señalar diferencias respecto de la escritura formal ni como motivo de burla.

Enseñar a escribir un texto académico y reconocer el valor cultural de una variedad de habla son tareas compatibles. El estudiante necesita ampliar sus recursos expresivos sin aprender que la voz de su familia constituye una vergüenza que debe ocultar.

Los cuentos permiten observar que hablar también es relacionarse. Una orden, un tratamiento de respeto o una respuesta breve adquieren sentido según quién los pronuncie y en qué circunstancias. Analizar esas diferencias puede enriquecer la comprensión de los personajes y la reflexión sobre los usos del lenguaje.

Esto requiere cuidado con la evidencia: una forma coloquial no demuestra por sí sola falta de educación, resistencia o autenticidad. Su interpretación depende de la escena y del conjunto del relato.

Una responsabilidad compartida

Para el sistema educativo dominicano, esta reflexión plantea una posibilidad de trabajo conjunto entre docentes, coordinadores y técnicos. En un acompañamiento de Lengua Española, además de observar si se completaron las actividades previstas, convendría atender a las oportunidades que tuvieron los estudiantes para interpretar, justificar y escuchar otras lecturas.

¿Qué afirmación apoyaron con un fragmento? ¿Qué diferencia encontraron entre dos personajes? ¿Pudieron cambiar de opinión después de escuchar una evidencia? Estas preguntas pueden orientar una conversación pedagógica centrada en lo que ocurrió durante la lectura.

La evaluación también debe guardar relación con ese propósito. Si buscamos interpretación, necesitamos valorar la pertinencia de las evidencias, la claridad del argumento y la capacidad de reconocer una contradicción. Repetir la explicación del docente no debería ser la única forma de demostrar comprensión.

No propongo convertir cada cuento en una clase de moral ni en una explicación directa de la realidad nacional. La literatura tiene ambigüedades, decisiones estéticas y conflictos que merecen conservarse. Tampoco sostengo que leer estos autores produzca automáticamente conciencia crítica; comprobarlo requeriría otra investigación.

Propongo que sus textos entren al aula como obras sobre las que vale la pena pensar. Que el estudiante pueda reconocer una voz, incomodarse ante una injusticia y discutir una interpretación sin abandonar la evidencia. Que aprender literatura dominicana incluya el derecho a preguntar qué país se representa, quién puede hablar en él y qué relaciones merecen ser transformadas.

SOBRE EL ARTÍCULO

Juan Carlos Cruz Peña Artículo de reflexión derivado de la investigación de maestría Costumbres dominicanas en cuentos de Sócrates Nolasco y Juan Bosch: un análisis desde la teoría de la identidad cultural de Stuart Hall, presentada en 2025 en el Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, Recinto Emilio Prud’Homme

Elizahenna Del Jesús
Elizahenna Del Jesús
Coordinadora Editorial en Plan LEA, Listín Diario, graduada Magna Cum Laude de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)

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