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5 aprendizajes que deja el Mundial sobre liderazgo y gestión del talento

Cada Mundial de Fútbol deja imágenes memorables, resultados inesperados y nuevas figuras que nos sorprenden con sus habilidades. Además del espectáculo deportivo, este tipo de competencias también aportan enseñanzas interesantes sobre cómo se construyen equipos capaces de competir al máximo nivel.

Las empresas atraviesan hoy un escenario similar, con mercados que cambian con rapidez, nuevos competidores, reglas que evolucionan y el talento que debe transformarse en forma constante.

En ese contexto, muchas organizaciones siguen preguntándose cuál es la fórmula para desarrollar equipos de alto desempeño. Quizás una parte de la respuesta pueda encontrarse observando lo que ocurre dentro de una cancha en escenarios de impacto internacional.

1. La experiencia sigue siendo una ventaja competitiva

Durante años se instaló la idea de que el rendimiento estaba directamente asociado a la juventud. Sin embargo, este Mundial volvió a demostrar que la experiencia continúa siendo un activo diferencial cuando está acompañada por preparación, compromiso y capacidad de adaptación.

Lionel Messi representa ese equilibrio. Con una edad superior a la que habitualmente tienen los jugadores en una Copa del Mundo, continúa siendo determinante, no porque haga exactamente lo mismo que hacía hace diez años (aunque su magia ciertamente esté intacta), sino porque transformó su experiencia en una ventaja competitiva. Hoy interpreta mejor los momentos del partido, administra los esfuerzos, ordena al equipo y toma mejores decisiones bajo presión.

El contraste con la situación de Cristiano Ronaldo –más allá de la actualidad de cada uno de los dos- también invita a reflexionar. Ambos son futbolistas extraordinarios, pero el lugar que ocupa cada uno dentro de su selección parece responder a modelos de liderazgo y dinámicas de equipo diferentes.

Mientras Argentina logró integrar la experiencia de Messi dentro de un proyecto colectivo donde todos entienden su rol (y en especial el aporte diferencial de su líder) y juegan en función de ello, Portugal continúa mostrando mayores tensiones alrededor del protagonismo de su principal figura. De hecho, un meme que se hizo viral en redes sociales lo muestra tirando una soga mientras el equipo hace fuerza en el sentido contrario.

En las organizaciones sucede algo parecido. Las empresas que mejor aprovechan el talento senior no son aquellas que simplemente retienen personas con trayectoria. Son las que encuentran la manera de convertir esa experiencia en una ventaja para todo el equipo.

En un contexto donde conviven hasta cinco generaciones dentro de una misma organización, la generación Silver hoy es una fuente de conocimiento, criterio, redes de contacto y capacidad para navegar la incertidumbre.

La pregunta ya no debería ser cuántos años tiene una persona, sino qué valor puede aportar esa experiencia al desempeño colectivo.

2. El talento puede aparecer donde pocos lo esperan

Uno de los grandes atractivos del Mundial son las sorpresas. Equipos con menor historia o menor jerarquía (a priori) logran competir de igual a igual frente a las grandes potencias.

Selecciones como Cabo Verde demostraron que la diferencia entre favoritos y candidatos ya no resulta tan amplia como muchos imaginaban. Al mismo tiempo, equipos de mayor tradición pero con resultados esquivos en las ediciones previas de la Copa del Mundo, como Paraguay, consiguieron construir campañas muy competitivas a partir de una propuesta sólida, que luego de un tropezón inicial los llevó a derrotar y dejar fuera de competencia a una potencia futbolística como Alemania.

El mensaje para las empresas es claro. Seguir buscando talento únicamente en los lugares de siempre implica limitar las posibilidades de encontrar perfiles extraordinarios. Hoy las capacidades aparecen en geografías distintas, industrias diferentes, generaciones diversas y trayectorias profesionales que hace algunos años probablemente no habrían sido consideradas.

Las organizaciones que amplían sus criterios de búsqueda suelen acceder a una mayor diversidad de perspectivas, experiencias y formas de resolver problemas. Subestimar a un candidato por el tamaño de la empresa donde trabajó, por su recorrido poco convencional o por provenir de otra industria puede significar perder a quien termine generando mayor impacto.

3. La resiliencia no se declara, se demuestra

Los campeonatos rara vez se desarrollan según lo planificado. Incluso los mejores equipos atraviesan partidos difíciles, lesiones, momentos de incertidumbre y resultados adversos o inesperados. La diferencia suele aparecer en la capacidad para recuperarse sin perder identidad.

Algunas selecciones comenzaron el torneo lejos de las expectativas iniciales y consiguieron reconstruirse sobre la marcha, ajustando aspectos tácticos, recuperando la confianza y volviendo a competir con convicción.

Las organizaciones enfrentan desafíos similares: los proyectos no siempre evolucionan como fue previsto. Hay cambios regulatorios, crisis económicas, transformaciones tecnológicas o movimientos del mercado que obligan a recalcular el rumbo.

La resiliencia organizacional no consiste en evitar los problemas, sino en desarrollar equipos capaces de aprender rápidamente, adaptarse y sostener el desempeño aun cuando las condiciones cambian. Una capacidad que depende mucho más de la cultura y del liderazgo que de los procedimientos.

4. Los mejores equipos no juegan siempre de la misma manera

Otro de los aprendizajes que deja el Mundial es que los equipos más competitivos no intentan imponer exactamente el mismo plan en todos los partidos. Cada rival exige ajustes diferentes, lo cual puede llevar a tener que cambiar esquemas, ritmos y los perfiles de los jugadores que ingresan.

Eso no significa perder identidad. Implica entender que la flexibilidad es parte de la estrategia.

En las empresas ocurre exactamente lo mismo. Las organizaciones necesitan sostener un propósito claro y una cultura consistente, pero al mismo tiempo desarrollar la capacidad de adaptar estructuras, procesos y formas de trabajo según el contexto.

Los equipos más efectivos no son los que repiten fórmulas exitosas de manera automática. Son los que saben cuándo mantenerlas y cuándo modificarlas.

5. Las estrellas ganan partidos. Los equipos sostienen los resultados.

El Mundial nos recuerda una verdad que muchas organizaciones todavía pasan por alto. Las individualidades hacen la diferencia en determinados momentos, pero ningún proyecto competitivo se sostiene solo sobre el talento de una persona.

Los equipos que llegan más lejos suelen mostrar algo que trasciende a sus figuras: confianza mutua, claridad de roles, complementariedad, liderazgo distribuido y una cultura donde cada integrante entiende cómo contribuye al objetivo común.

Contratar a las mejores personas no garantiza construir el mejor equipo. El verdadero diferencial aparece cuando la empresa logra combinar experiencia y potencial, diversidad y alineación, especialización y colaboración.

Porque, al igual que en un Mundial, el éxito rara vez está asociado a una única figura. Depende de la capacidad de construir un equipo donde cada talento encuentre el contexto adecuado para rendir al máximo.

Foto de Christian García en Unsplash

Fuente: https://es.linkedin.com/

Elizahenna Del Jesús
Elizahenna Del Jesús
Coordinadora Editorial en Plan LEA, Listín Diario, graduada Magna Cum Laude de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)

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