Mar de Palabras es un festival internacional de literatura, pensamiento y diálogo que nació con la vocación de convertir a Santo Domingo en un punto de encuentro para escritores, creadores, académicos y lectores del Caribe y del mundo. Más que una cita cultural, el proyecto apuesta por fortalecer el posicionamiento de la ciudad como un destino donde la cultura también es un motor de desarrollo.
A República Dominicana se le conoce en el mundo por la belleza de sus playas, la hospitalidad de su gente y la vitalidad de su cultura popular. Durante décadas hemos exportado música, talentos deportivos, cacao, café y ron. Sin embargo, existe otra República Dominicana que merece ocupar un lugar igualmente visible en nuestra proyección internacional: la de los escritores, artistas, académicos, instituciones culturales y ciudadanos que creen en el poder de las ideas.
Hoy existe un amplio consenso internacional en torno a que la cultura no solo enriquece la vida de las sociedades, sino que también genera valor económico, impulsa el turismo cultural, fortalece la cohesión social y amplía las oportunidades de desarrollo.
Desde sus inicios, Mar de Palabras ha sido concebido como mucho más que un festival literario. La aspiración que compartimos Minerva del Risco y yo es contribuir a la construcción de un ecosistema cultural que fortalezca el posicionamiento de Santo Domingo como capital cultural del Caribe: un lugar de encuentro para creadores, lectores, investigadores, periodistas y pensadores de distintas partes del mundo. En una época en que las ciudades compiten por atraer talento, conocimiento e innovación, la cultura se ha convertido en uno de sus activos estratégicos más valiosos.
Sin dudas, el turismo cultural es hoy uno de los segmentos de mayor crecimiento dentro de la industria turística internacional. Los viajeros ya no buscan únicamente lugares que visitar; buscan experiencias que les permitan comprender la cultura local, escuchar nuevas voces y conectar con la identidad de los territorios que recorren. Desean acceder a expresiones auténticas de la vida cultural, dialogar con creadores, descubrir historias que no aparecen en las guías tradicionales y participar en experiencias capaces de ampliar su comprensión del mundo. Más que consumir destinos, buscan vivirlos, entendiendo su pasado, interpretando su presente y estableciendo vínculos emocionales con las comunidades que los reciben.
Por ello, no resulta casual que los festivales internacionales de literatura y de ideas se hayan consolidado durante las últimas décadas como una de las expresiones más dinámicas del turismo cultural. Estos encuentros atraen visitantes motivados por el conocimiento, la creatividad y el intercambio intelectual, al tiempo que proyectan internacionalmente la imagen de las ciudades que los acogen como espacios abiertos al diálogo, la innovación y la producción cultural.
La comprensión de esta realidad explica el respaldo que el ministro de Turismo, David Collado, y la viceministra Tammy Reynoso han brindado a Mar de Palabras desde sus inicios. Su apoyo ha sido fundamental para convertir esta visión compartida en una realidad y para fortalecer el posicionamiento de Santo Domingo como un destino donde la cultura constituye un activo estratégico para el desarrollo turístico y la proyección internacional del país.
Este año se une a este esfuerzo el Clúster Turístico de Santo Domingo. Esta alianza traerá como resultado una estrategia más sólida para fortalecer a Santo Domingo como el destino cultural del Caribe, donde el patrimonio, la gastronomía, la creatividad y el pensamiento convivan de manera natural.
En esencia, lo que buscamos es construir una experiencia cultural capaz de atraer visitantes, generar conversación y proyectar a Santo Domingo como un gran punto de encuentro cultural del Caribe.
Santo Domingo posee condiciones excepcionales: una ubicación estratégica, excelentes conexiones aéreas, una infraestructura hotelera sólida, estabilidad política, crecimiento económico sostenido desde hace décadas y un patrimonio histórico único en el continente. A ello se suma algo igualmente importante: una comunidad artística e intelectual vibrante que tiene mucho que aportar a las conversaciones contemporáneas.
Los avances alcanzados por Mar de Palabras en apenas dos ediciones nos permiten afirmar que ese camino ya ha comenzado.
El festival, además, cuenta con alianzas de cooperación de universidades como UNIBE y APEC, centros de formación como el Instituto 512, organismos internacionales como la OEI, instituciones culturales como el Centro León, organizaciones de fomento a la lectura como Plan LEA, entre muchas otras entidades públicas, privadas e internacionales comprometidas con el desarrollo cultural.
La sostenibilidad de este festival descansa en algo más profundo que los recursos financieros: la capacidad de construir equipos y compartir una visión. Mar de Palabras existe gracias al trabajo comprometido de un equipo gestor integrado por profesionales como Claudia Neira Bermúdez, María Helena Hernández, Aidita Selman, Yinette Santelises, Cristina Ramos, Mary Trujillo, Almina y CHNG, así como por un consejo consultivo internacional que ha hecho suyo este proyecto. Pero, sobre todo, existe gracias a un público que ha decidido convertir una idea compartida en un espacio de encuentro con el mundo.
Lo que nos une a todos es la convicción compartida de que la cultura fortalece el pensamiento crítico, que el diálogo fortalece la democracia y que la imaginación fortalece nuestra capacidad de construir futuros posibles.
Por eso suelo decir que Mar de Palabras ya dejó de pertenecer exclusivamente a quienes lo concebimos. Se ha convertido en el festival de los dominicanos. Un espacio construido por muchas manos para mostrar al mundo nuestra capacidad de generar pensamiento, creatividad, diálogo y cultura.
Del 19 al 21 de junio volveremos a reunirnos en la Ciudad Colonial.
Porque las ciudades también se construyen a partir de las conversaciones que son capaces de sostener.


