Desde una perspectiva lingüística y comunicativa, la redundancia es el empleo de palabras innecesarias para expresar una idea que ya se entiende con los términos utilizados con anterioridad. Se trata de una duplicidad “innecesaria”de la información. En términos generales, la redundancia ocurre cuando el predicado o un adjetivo está implícito de forma lógica en el sustantivo o la acción principal.
Sea como fuere, es importante diferenciar dos tipos de redundancias:
- Redundancia comunicativa: esta fórmula la utilizamos para asegurar que el mensaje se entienda a pesar del “ruido” o de posibles distracciones del receptor. Por ejemplo, la concordancia de género y número en español es técnicamente redundante, ya que el plural se marca tres veces, pero ayuda a la cohesión del mensaje. Por ejemplo: “Cuido de tres niñas pequeñas”.
- Redundancia viciosa: en este caso, la redundancia no aporta ningún matiz nuevo ni sirve para enfatizar, cayendo en la pobreza léxica. Por ejemplo: “Escribe un breve resumen”, “Repítelo de nuevo”, “Buscamos un testigo presencial de los hechos reales”.
Ejemplos de redundancia en oraciones
A menudo, las redundancias pasan desapercibidas debido al hábito en sus usos, pero al analizar el lenguaje, podemos detectarlas con claridad. Algunos de los ejemplos más comunes son:
- «Subir arriba» / «Bajar abajo»: dado que el verbo «subir» implica dirección ascendente, el adverbio «arriba» no aporta información nueva.
- «Cita previa»: por definición, una cita es un encuentro concertado con antelación; si no fuera previa, no sería una cita.
- «Hielo frío»: el frío es una propiedad intrínseca y necesaria del hielo.
- «Verlo con mis propios ojos»: la visión es una capacidad personal; es imposible ver con ojos ajenos de manera literal.
- «Resultado final»: un resultado es, por naturaleza, aquello que aparece al término de un proceso.
A pesar de su redundancia, muchas de estas expresiones se utilizan para aportar énfasis o seguridad en lo que se dice.

¿Cuál es la diferencia entre pleonasmo y redundancia?
La diferencia entre pleonasmo y redundancia es interesante a la hora de llevar a cabo un análisis literario. Así, y aunque a menudo se utilizan como sinónimos, existe un matiz que los diferencia. Un matiz de intencionalidad que nos permite diferenciarlos.
- La redundancia: es la repetición de información de forma accidental o fruto del descuido. Suele utilizarse en lenguaje cotidiano, técnico o administrativo.
- El pleonasmo: es una figura retórica que añade palabras innecesarias para reforzar el mensaje o por estética. Se utiliza en literatura, poesía y oratoria. Un tipo de redundancia aceptada por su valor estético. Cuando Miguel Hernández escribe “Temprano madrugó la madrugada”, emplea una redundancia técnica, creando un pleonasmo lleno de belleza que enfatiza la urgencia y el dolor.
¿Qué significa cuando una persona dice valga la redundancia?
La expresión «valga la redundancia» es una fórmula de cortesía o disculpa que el hablante inserta en su discurso cuando es consciente de que acaba de repetir una idea o palabra de forma poco correcta o elegante.
Se utiliza con dos fines principales:
- Reconocimiento de un error: el hablante reconoce que su frase es redundante, pero no ha encontrado una mejor manera de expresarse.
- Justificación del énfasis: se emplea para indicar que, aunque se está siendo redundante, la repetición es necesaria para que el interlocutor comprenda la importancia del punto tratado.
La redundancia se considera como una marca de metalingüística, esto es, el lenguaje hablando sobre el propio lenguaje.
Redundancia en literatura
Dentro del ámbito de la literatura, la redundancia deja de ser un “error gramatical” para convertirse en un mecanismo de intensificación de las emociones. Los autores no repiten porque les falte vocabulario o por un error, sino para dirigir la atención del lector hacia un punto específico, crear un determinado ritmo o evocar una atmósfera. La redundancia en literatura puede emplearse para:
- Enfatizar y aportar fuerza expresiva: la literatura busca conmover. En la poesía, la redundancia refuerza la carga afectiva. Al decir «¡Viva la vida!», se busca una contundencia que un «viva» no alcanzaría.
- El ritmo y la sonoridad: en la prosa narrativa y la lírica, la redundancia ayuda a construir una cadencia. La repetición de sonidos o conceptos genera un eco que envuelve al lector, haciendo que el texto tenga más ritmo.
- La caracterización de personajes: muchos autores utilizan la redundancia viciosa en los diálogos de sus personajes para dotarlos de realismo. Un personaje que habla con constantes redundancias puede parecer inculto, obsesivo o extremadamente formal, dependiendo del contexto.
Fuente: https://www.unprofesor.com/


