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Descansar: una necesidad biológica, emocional y cognitiva

Dra. Elupina Tirado

Médico -psicoterapeuta

Descansar no es simplemente cesar o detener toda actividad. El descanso es la restauración neurobiológica que sostiene la vida. Es preservar el equilibrio interno del sistema humano.

Cuando sentimos cansancio, pesadez o pérdida de concentración, el sistema nervioso central está enviando señales inequívocas: sus circuitos requieren reducir la carga para recuperar energía y eficiencia funcional. Descansar, es, por tanto, una función vital que garantiza la salud física, emocional y cognitiva.

Descansar es una función vital para garantizar nuestra salud física, emocional y cognitiva.

Desde la perspectiva neurocientífica, la necesidad de reposo surge cuando el Sistema Reticular Activador Ascendente (SRAA), situado en el tronco encefálico, reduce su nivel de activación. Este sistema regula la alerta, la atención y los estados de vigilia. Cuando detecta sobrecarga o saturación neuronal, estrés o esfuerzo cognitivo sostenido, disminuye su tono, generando esa sensación subjetiva de agotamiento. Lo que llamamos cansancio no es debilidad: es neurofisiología pura expresada como experiencia humana.

En paralelo, el sistema nervioso parasimpático entra en acción. Mediante neurotransmisores como la acetilcolina, promueve la disminución del ritmo cardíaco, relaja la musculatura y estimula procesos de reparación tisular y digestiva. Es como si el cuerpo, tras la exigencia del día, volviera a sí mismo para reequilibrarse. Este cambio no es solo físico: la activación parasimpática modula la amígdala cerebral, reduciendo la reactividad y favoreciendo un procesamiento emocional más claro y sereno.

Durante el descanso profundo ocurre uno de los fenómenos neurobiológicos más sorprendentes, la activación del sistema glinfático. Este sistema, descubierto recientemente, funciona como un mecanismo de “limpieza cerebral”. Mientras dormimos, las células gliales generan canales por los cuales circula líquido cefalorraquídeo, eliminando desechos metabólicos acumulados durante la vigilia. Sustancias como la beta-amiloide —relacionada con deterioro cognitivo— se eliminan con mayor eficiencia cuando el cerebro está en reposo. Es un recordatorio de que el descanso no solo restaura, también protege.

La neuroquímica también cambia durante el descanso. Los niveles de adenosina, acumulados a lo largo del día, señalan al cerebro que es momento de reducir actividad. La melatonina prepara al sistema nervioso para la fase nocturna, regulando ritmos circadianos y sincronizando funciones internas. El neurotransmisor GABA, principal inhibidor del sistema nervioso central disminuye la excitabilidad neuronal, generando un estado de quietud interna que facilita la transición hacia el sueño y la recuperación.

A nivel emocional, el descanso es un modulador natural. La corteza prefrontal, encargada de la toma de decisiones y la regulación emocional, necesita períodos de inactividad para reorganizar sus redes sinápticas. Cuando descansamos adecuadamente, esta región recupera su capacidad de reflexión, empatía y control de impulsos. Por el contrario, la privación de descanso exacerba la actividad de la amígdala, intensificando el miedo, el enojo y las respuestas defensivas. En otras palabras, el descanso es un puente neurobiológico hacia la estabilidad emocional.

Sin descanso, las funciones cognitivas se deterioran: disminuye la memoria operativa, la atención se fragmenta y la creatividad se reduce. La mente empieza a operar en modo de supervivencia, guiada por impulsos más primitivos. El cuerpo también paga un precio: aumenta el cortisol, se altera el metabolismo, y la inflamación sistémica se eleva, afectando órganos y tejidos.

Por eso descansar no es solo una necesidad física; es una exigencia biológica que el cerebro utiliza para restaurarse, reorganizar información, limpiar toxinas, integrar experiencias y devolvernos claridad. Es la pausa inteligente que sostiene el equilibrio interno del organismo.

En su dimensión más humana, el descanso es un espacio donde la vida se reordena. Mientras la ciencia describe mecanismos neuronales, el cuerpo vive la experiencia como un retorno a la quietud, como un reajuste profundo que nos permite seguir presentes, lúcidos y sensibles. Descansar es permitir que el cerebro haga lo que mejor sabe hacer: mantenernos vivos, conscientes y capaces de sentir.

Elizahenna Del Jesús
Elizahenna Del Jesús
Coordinadora Editorial en Plan LEA, Listín Diario, graduada Magna Cum Laude de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)

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