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El aprendizaje de la humanidad

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Ariel Báez

Los procesos en los aprendizajes de la humanidad son tan antiguos como el hombre, aunque con definiciones, abordajes o conceptos epistemológicos diferentes (según los entendidos en la materia) sin embargo, sigue siendo el mismo principio de demostrar la forma en la que hacemos o entendemos un fenómeno y tratamos de replicarlo en aquellos que desean utilizarlo en su vida diaria. El hombre aprendía a diario cada cosa, en esa época aprender era una sorpresa a los ojos del conocimiento. De ahí se desprende la necesidad de incluir en este proceso herramientas que potencialicen la absorción de conocimiento desde las posibilidades cognitivas que tiene cada ser humano para interpretar este proceso.

La tecnología, junto con la innovación, ha sido responsable de los avances científicos más importantes en nuestra historia. Desde su uso rudimentario en las edades de piedra y metales hasta el desarrollo de máquinas como el Gran Colisionador de Hadrones o LHC (por sus siglas en inglés), que actualmente representa la máxima aplicación de la inteligencia humana en el ámbito tecnológico.

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Dicho lo anterior, sería imposible no pensar el uso de la tecnología en el proceso de enseñanza moderno, pues ha demostrado la importancia y transversalidad que tiene en todos los aspectos de la vida. Desde el área educativa tenemos que aventurarnos en este viaje de transformación del conocimiento, junto al uso de estas herramientas, métodos, estrategias en el espacio virtual y en tiempo real, ya que es inevitable detener el tránsito de la tecnología hacia la vía de la nueva forma de manifestación social universal.

Desde las academias, tenemos que aplicar su uso apostado por su uso incluso en carreras no tradicionalmente “tech friendly”, ya que gracias a su uso ponemos de manifiesto una experiencia sumamente enriquecedora, pues los alumnos que están familiarizados con la tecnología, han evidenciado un aprendizaje mucho mayor a los obtenidos en un método tradicional. Aunque nos encontramos en un proceso de adaptación y conocimiento de las nuevas propuestas que la tecnología nos brinda, no podemos pasar por alto las implicaciones positivas que trae consigo el uso de la misma, pues para muchos (incluyéndome) será la nueva normalidad.

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Ahora bien, no debemos pasar por alto que debemos manejar su uso no como un sustituto de los procesos analíticos en el aprendizaje, sino como el catalizador del desarrollo de nuevos conocimientos o técnicas científicas que nos ayuden a desarrollarnos en un entorno humanista pero progresivo. En este sentido, el esfuerzo en el uso o desarrollo tecnológico debe estar acompañado de regularizaciones e implicaciones éticas, pues al igual que las generaciones que han crecido “en tranvía y vino tinto”, la actual y la próxima deben asegurar que estos avances no desarrollen bajo ningún concepto en contra de los propósitos de preservar y mejorar la vida.

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