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Educar en tiempos de violencia: recuperar el sentido perdido

Educar. En un contexto marcado por el aumento de la violencia escolar y social, la educación enfrenta un desafío urgente: volver a preguntarse no solo qué enseña, sino para qué educa.

La violencia ha dejado de ser un hecho aislado para convertirse en una experiencia cotidiana. Se manifiesta en las escuelas, en las calles y en los espacios digitales. En la actualidad, las comunidades educativas viven con preocupación el aumento de conflictos, agresiones y una creciente dificultad para convivir.

Frente a este escenario, la respuesta no puede limitarse a más protocolos o medidas disciplinarias. El problema es más profundo: estamos ante una crisis de sentido en la educación.

Durante años, el sistema educativo ha priorizado resultados, indicadores y estándares. Sin embargo, en ese camino, algo esencial se ha debilitado: la reflexión sobre el propósito de educar. Los proyectos educativos parecieran han dejado de ser el faro hacia donde se orientan todas las acciones. ¿Estamos formando personas capaces de vivir en comunidad, o solo estudiantes que rinden pruebas?

La educación no puede reducirse a la transmisión de contenidos. Educar es un acto profundamente humano, donde se forman sujetos críticos, conscientes y capaces de transformar su realidad. Sin esa dimensión, la escuela pierde su sentido formativo. Así lo afirman varios pedagogos y filósofos de la educación.

Hoy, más que nunca, es urgente recuperar una filosofía educacional que ponga en el centro la dignidad humana, el respeto y la convivencia. No se trata solo de prevenir la violencia, sino de formar personas que comprendan el valor del otro, que sepan dialogar y que puedan habitar la diferencia sin recurrir a la agresión.

Esto implica revalorizar el rol del docente como formador, fortalecer la educación socioemocional y abrir espacios reales de reflexión en las comunidades escolares. Pero, sobre todo, exige volver a una pregunta fundamental: ¿para qué educamos?

En tiempos de violencia, la educación no puede ser neutra ni indiferente. Está llamada a ofrecer un horizonte, a reconstruir vínculos y a formar ciudadanos capaces de convivir en una sociedad cada vez más tensionada.

Porque, al final, el desafío no es solo mejorar aprendizajes, sino algo más urgente: aprender a vivir juntos.

Fuente: https://www.linkedin.com/

Elizahenna Del Jesús
Elizahenna Del Jesús
Coordinadora Editorial en Plan LEA, Listín Diario, graduada Magna Cum Laude de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)

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