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Juan Ramón Jiménez, el poeta de la belleza

Juan Ramón Jiménez, el poeta sensible y solitario, dedicó su vida a cultivar la belleza de la palabra. Asolado por constantes depresiones, uno de los autores más emblemáticos de la literatura española recibió el Premio Nobel en 1956 y murió dos años después en Puerto Rico, muy lejos de su Moguer natal.

Nacido en la población onubense de Moguerel 23 de diciembre de 1881, Juan Ramón Jiménez es uno de los poetas más reconocidos y celebrados de la literatura española. Considerado por algunos de sus contemporáneos, como Federico García Lorca, una figura fundamental de las letras hispanas, Juan Ramón Jiménez dedicó su carrera literaria a perfeccionar, a través de la belleza de la palabra, una obra que él mismo definió como «la conciencia mía de lo hermoso».

La soledad, eterna compañera

Juan Ramón Jiménez Mantecón vino al mundo en el seno de una familia acomodada dedicada al negocio agrícola, especialmente al cultivo de la uva y a la exportación de vino. Al poeta le gustaba hablar así de su infancia: «Nací en Moguer, la noche de Navidad de 1881. Mi padre era castellano y tenía los ojos azules; y mi madre, andaluza, con los ojos negros. La blanca maravilla de mi pueblo guardó mi infancia en una casa vieja de grandes salones y verdes patios. De estos dulces años recuerdo que jugaba muy poco, y que era gran amigo de la soledad». El pequeño Juan Ramón fue internado en el colegio jesuita San Luis Gonzaga en la localidad gaditana de El Puerto de Santa María. En ese lugar, el carácter melancólico e introvertido del joven se acentuó aún más a causa de la soledad y debido a la férrea disciplina de que hacía gala el centro. En aquella etapa, entre sus compañeros de clase se encontraban los futuros dramaturgos Fernando Villalón y Pedro Muñoz Seca. Juan Ramón muy pronto empezó a experimentar con la literatura, y sus cuadernos y libros de texto empezaron a inundarse de versos.

El pequeño Juan Ramón fue internado en el colegio jesuita San Luis Gonzaga en la localidad gaditana de El Puerto de Santa María. En ese lugar, el carácter melancólico e introvertido del joven se acentuó a causa de la soledad y a la férrea disciplina.

Retrato de Juan Ramón Jiménez pintado por Joaquín Sorolla en el año 1903.Foto: PD
Juan Ramón Jiménez. Retrato del poeta realizado por Juan de Echevarría en 1918.Foto: PD

En 1896, con su título de bachillerato bajo el brazo, Juan Ramón Jiménez se trasladó a Sevilla con el objetivo de estudiar un curso preparatorio de Derecho para ingresar en la universidad, y, sobre todo, para convertirse en artista. Durante su estancia en la capital hispalense, Juan Ramón empezó a frecuentar el Ateneo de la ciudad, un lugar donde los escritores Francisco Rodríguez Marín y Luis Montoto, entre otros, celebraban sus famosas tertulias. Poco a poco, la afición de Jiménez por la literatura iría en aumento y el joven empezó a hacer colaboraciones en prensa y a escribir sus primeros textos. En 1900, y sin terminar la carrera de Derecho, Juan Ramón marchó a Madrid. Gracias a Francisco Villaespesa, un escritor almeriense, el joven empezó a frecuentar los cafés y museos de la capital, y también conoció a autores de la talla de Rubén Darío, Valle-Inclán, Azorín y Pío Baroja, que le aconsejaron que dividiera su obra Nubes en dos volúmenes. Y así lo hizo. El autor titularía estos volúmenes Almas de Violeta y Ninfeas.

Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/

Elizahenna Del Jesús
Elizahenna Del Jesús
Coordinadora Editorial en Plan LEA, Listín Diario, graduada Magna Cum Laude de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)

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