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La revolución educativa que definirá el destino de RD

Revolución educativa. “Solo la educación salva a los pueblos”. La sentencia del gran educador antillano Eugenio María de Hostos sigue siendo hoy una brújula para las naciones que aspiran al desarrollo.

La historia moderna demuestra que los países que han logrado prosperar son aquellos que colocaron la educación, la ciencia y el conocimiento en el centro de su proyecto nacional.

La República Dominicana se encuentra hoy ante una decisión histórica: impulsar una reforma educativa capaz de articular todo el sistema de formación nacional, desde el pre-kínder hasta el doctorado.

No se trata simplemente de aprobar una nueva ley ni de modernizar un segmento del sistema educativo. Lo que está en juego es algo mucho más profundo: la construcción de un sistema nacional del conocimiento capaz de preparar al país para los desafíos del siglo XXI.

La legislación vigente fue concebida en un contexto histórico distinto. Desde entonces el mundo ha cambiado radicalmente.

La revolución tecnológica, la inteligencia artificial, la economía del conocimiento y la transformación acelerada del trabajo están redefiniendo el papel de las universidades, de la investigación y de la formación del talento humano.

Hoy la riqueza de las naciones ya no se mide únicamente por sus recursos naturales.

Se mide, sobre todo, por su capacidad para producir conocimiento, innovar y formar investigación y de la formación del talento humano.

Por esa razón, la República Dominicana necesita una reforma legislativa, institucional y curricular que permita construir la escuela del futuro para los próximos cuarenta años.

Esta transformación descansa sobre cuatro pilares fundamentales.

El primero es la integración del sistema educativo nacional, superando la fragmentación histórica entre niveles de enseñanza. El país necesita un sistema continuo de formación del conocimiento.

El segundo pilar es la incorporación plena de la ciencia, la tecnología y la investigación, fortaleciendo maestrías y doctorados como motores del desarrollo nacional.

El tercero es la internacionalización del sistema universitario dominicano, mediante alianzas con universidades de prestigio mundial que eleven la calidad académica y conecten al país con las grandes redes globales del conocimiento.

El cuarto pilar es la articulación institucional del Estado.

Ninguna reforma educativa de esta magnitud puede depender de una sola institución.

En ese sentido, la colaboración del ministro de Educación, Luis Miguel De Camps, será fundamental para fortalecer la conexión entre la educación preuniversitaria y la educación superior. De igual manera, el respaldo del ministro de Administración Pública, Sigmund Freund, es clave para garantizar que estas reformas se traduzcan en instituciones modernas.

Cuando asumí la responsabilidad del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, a solicitud del presidente Luis Abinader, lo hice con plena conciencia de la dimensión histórica de esta misión nacional.

La propuesta de transformación educativa ha recibido el respaldo de 59 instituciones de educación superior del país, reflejando un consenso académico sin precedentes sobre la necesidad de modernizar el sistema educativo dominicano.

La escuela dominicana del futuro debe comenzar en el pre-kínder y culminar en el doctorado. Porque en el siglo XXI la verdadera riqueza de las naciones no está bajo la tierra. Está en la inteligencia, en la educación y en el talento de su gente.

El autor es Ministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología.

Fuente: listindiario.com

Elizahenna Del Jesús
Elizahenna Del Jesús
Coordinadora Editorial en Plan LEA, Listín Diario, graduada Magna Cum Laude de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)

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