Hobby. ¿Puede una actividad recreativa en mitad de la naturaleza retrasar el envejecimiento cerebral? Según un equipo de científicos del Rotman Research Institute de Canadá, la respuesta es que sí. Así lo aseguran en un reciente estudio publicado en la revista Journal of Neuroscience, en el cual explican por qué la observación de aves tiene unos efectos positivos similares a los del aprendizaje de idiomas o la creación artística.
En concreto, los investigadores documentaron que los observadores experimentados presentan una estructura de tejido mucho más densa y compleja. Estas modificaciones se localizan en regiones cerebrales estrechamente vinculadas con la atención y la percepción visual. Para localizarlas, realizaron resonancias magnéticas sobre 58 sujetos, 29 de ellos expertos en la observación de aves y otros 29 que nunca habían realizado esta actividad. Para garantizar la fiabilidad de los resultados, todos ellos estaban equiparados en edad y nivel educativo.
El neurocientífico Erik Wing, autor principal de la investigación, explicó los resultados obtenidos de la siguiente manera: «La medida que utilizamos es la difusión de las moléculas de agua en el cerebro. Una forma sencilla de explicar este fenómeno es que hay menos restricciones sobre dónde va el agua en los cerebros de los expertos».
Impacto en la neuroplasticidad
Los datos sugieren que el cerebro de los expertos ha experimentado una especie de actualización del sistema que mejora el rendimiento cognitivo de forma selectiva. Cuando los participantes se enfrentaron a imágenes de aves desconocidas, las áreas optimizadas se activaron con intensidad para facilitar la identificación. Este fenómeno refuerza la teoría de la neuroplasticidad, donde el esfuerzo mental moldea físicamente el órgano.
El estudio indica que adquirir habilidades en la ornitología podría retrasar la pérdida de complejidad del tejido cerebral que ocurre de forma natural con los años. Los investigadores observaron que este declive progresaba más lentamente en los expertos que en el resto de los individuos analizados. «La adquisición de habilidades a través de la observación de aves parece ser beneficiosa para la cognición a medida que las personas envejecen», afirmó Erik Wing.
Este pasatiempo resulta idóneo para el estudio científico porque obliga al individuo a procesar una enorme cantidad de información visual en entornos cambiantes. La necesidad de detectar detalles sutiles para diferenciar especies exige mantener niveles de concentración muy elevados durante lapsos temporales extensos. No obstante, los autores del artículo mantienen la cautela sobre la generalización de estos resultados a otras áreas de la memoria.
Protección frente al deterioro cognitivo
Es posible que las características beneficiosas ya existieran en los sujetos antes de iniciarse en el hobby, aunque la evidencia científica apunta hacia un entrenamiento prolongado. Estudios previos sobre la práctica de instrumentos musicales o el bilingüismo ya habían mostrado cambios estructurales que retrasan el deterioro cognitivo. La observación de aves se suma ahora a esta lista de actividades protectoras para la salud cerebral.
«Dado que los expertos de mayor edad pueden aprovechar conocimientos técnicos para respaldar la cognición que involucra su dominio en la materia, se necesitará descubrir cómo las trayectorias estructurales relacionadas con la edad afectan el desempeño especializado más adelante en la vida», exponen los autores en las conclusiones del estudio.
Fuente: https://www.nationalgeographic.com.es/


