La vida íntima del Patricio Juan Pablo Duarte siempre ha estado cubierta por un velo misterioso. Pero al hurgar en su historia encontramos que además de patriota a carta cabal, era también un hombre de carne y hueso: normal y sencillo, y muy enamorado.
Se tiene conocimiento, con evidencias documentales fehacientes, de sus relaciones amorosas con por lo menos dos damas prestantes de la sociedad dominicana de la época.
La primera de ellas fue María Antonieta Bobadilla, una trigueña criolla, de quien se enamoró en 1836 y le entregó una sortija de compromiso.
Pedro Troncoso Sánchez en su obra “Apuntes duartianos”, se hace eco y brinda pruebas fidedignas de los amoríos del Patricio.
Luego, se enamoró de la bella “Nona”, descendiente de catalanes, cuyo nombre era Prudencia Lluberes Álvarez. El mismo Troncoso Sánchez revela que “esta segunda novia recibió, como la primera, su promesa de matrimonio simbolizada en una sortija”, relación que sucumbió por los devaneos propios de la época y su complicada vida.
Éste fue el gran amor de Duarte y viceversa. Ambos fueron impactados por la tristeza de no poder reencontrarse jamás. Aunque Nona tuvo la intención de viajar a Venezuela para efectuar el matrimonio entre ambos, ya que Duarte estaba impedido de regresar al país, nunca se le dio la oportunidad real de realizar esa travesía.
Se tienen premisas de que estando en el exilio, también Duarte intentó consumar legalmente el matrimonio con ella mediante poder, pero no le fue permitido con el alegato de que padecía de tuberculosis. Incluso las cartas que él le enviaba, cuando llegaban a República Dominicana, eran rotas y quemadas para evitar el supuesto contagio de la enfermedad.
Prudencia por su parte nunca se casó, esperando el retorno de Juan Pablo. “Cuando trajeron los restos de Duarte, Nona vivía frente al parque Colón y la sacaron al balcón ya ciega, muy anciana y se dice que ella dijo: ‘Hasta aquí te he seguido Juan Pablo’, y a los pocos meses murió”.
Por otra parte, se especula que también en los últimos años en su exilio en Venezuela tuvo una relación amorosa de la cual no se tienen datos concretos, pero si se conserva el poema “Súplica”, cuyos versos rezan: “Si amoroso me vieran tus ojos/ acabaran mis penas en bien/ pues quitaras así de mi sien/ la corona que ciñe de abrojos”.
Incluso existen teorías de la posible descendencia de Duarte, en la que se pretende develar una posible estirpe del Patricio, con una presunta prima de nombre Vicenta Díez, con la que tuvo unas supuestas hijas: Carmen Sandalia y Sinforosa Duarte Díez. Esto ha sido desmentido por todos los historiadores dominicanos.
Duarte era un galán, aunque su principal amor fuera la Patria. Entre sus cualidades: tocaba guitarra, escribía y declamaba poemas, y era actor. Algunos lo perfilaban como un tipo elegante, alto, con finas facciones y un gran atractivo varonil, que llamaba mucho la atención de las féminas de la época.
Fuente: listindiario.com


