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Reflexión: ¿Qué diría Duarte de la República Dominicana de hoy?

Reflexión. Pensar en Juan Pablo Duarte no es solo mirar al pasado ni repetir fechas aprendidas de memoria. Es, sobre todo, hacerse una pregunta: ¿qué pensaría el fundador de la República Dominicana si pudiera ver el país que somos hoy?

Esta pregunta no busca juzgar con dureza, sino provocar reflexión, especialmente en jóvenes y docentes, sobre el sentido profundo de la ciudadanía, la democracia y la responsabilidad colectiva.

Un joven que soñó un país distinto

Duarte no fue un político tradicional ni un caudillo militar. Fue un joven educado, lector, inquieto, profundamente ético, que soñó una República libre, soberana y gobernada por leyes, no por hombres fuertes.

Cuando Duarte hablaba de patria, no se refería solo a un territorio. Hablaba de una comunidad de ciudadanos responsables, capaces de defender la dignidad humana, la justicia y el bien común.

Desde ese punto de partida, su mirada sobre la República Dominicana de hoy sería, sin dudas, compleja.

Lo que probablemente celebraría

Duarte vería con orgullo que la República Dominicana sigue siendo un Estado independiente, con símbolos patrios respetados y una identidad nacional viva.

Celebraría que la educación esté reconocida como un derecho, que existan escuelas, universidades, maestros y maestras comprometidos, y que los jóvenes tengan acceso a conocimientos que en su tiempo eran privilegio de pocos.

También valoraría la libertad de expresión, el derecho a opinar, a organizarse y a participar en la vida pública, conquistas que fueron impensables durante gran parte del siglo XIX.

Lo que probablemente le preocuparía

Pero Duarte, fiel a su pensamiento crítico, no se quedaría solo en los logros.

Le inquietaría ver cómo, muchas veces, la política se aleja de la ética; cómo la corrupción debilita la confianza en las instituciones; y cómo el interés personal suele imponerse sobre el bienestar colectivo.

Le dolería comprobar que aún persisten desigualdades profundas y que no todos los ciudadanos tienen las mismas oportunidades, especialmente en educación, salud y empleo.

Y, quizás, le resultaría especialmente preocupante el desgaste del compromiso ciudadano: la indiferencia frente a lo público, el irrespeto a las normas, la idea de que “nada cambia” o que la responsabilidad siempre es de otros.

Duarte y los jóvenes de hoy

Si Duarte pudiera hablar directamente con los jóvenes dominicanos, probablemente no les pediría heroísmos grandilocuentes.

Les pediría algo más difícil y más cotidiano: formarse, pensar críticamente, participar, respetar la ley y actuar con honestidad, incluso cuando nadie los observa.

Duarte creía que la República solo podía sostenerse si sus ciudadanos eran conscientes de sus deberes, no solo de sus derechos.

Duarte frente a la escuela y al aula

Para los docentes, Duarte recordaría que la educación no es solo transmisión de contenidos, sino formación de ciudadanos.

Que enseñar historia no es repetir nombres, sino ayudar a comprender procesos, valores y consecuencias.

Y que cada aula es, en pequeña escala, un espacio donde se construye o se debilita la República.

Elizahenna Del Jesús
Elizahenna Del Jesús
Coordinadora Editorial en Plan LEA, Listín Diario, graduada Magna Cum Laude de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)

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