Palabras dominicanas. Está el famoso “chin”. Un poquito, un tantico, un chinchín, un chininín apenas. Pero chin no es cantidad, es intención. “Échale un chin más” nunca significa exactamente cuánto. Significa lo suficiente para que quede bien, según el ojo del que mira. Matemáticas emocionales o medida folklórica (medida inexacta).
Hay palabras que no se traducen, no porque no existan equivalentes en otros idiomas, sino porque nacen con un gesto, una intención y una historia detrás. El dominicano no solo habla, el dominicano suelta palabras que explican estados de ánimo completos sin necesidad de más contexto.
Varios “significados”
Intenten traducir “vaina”. No se puede. Vaina sirve para todo y para nada. Es objeto, situación, problema, excusa y hasta cariño dependiendo del tono. “Esa vaina no sirve” no es lo mismo que “esa vaina me gusta”. El idioma se rinde ante ella.
Aprobación colectiva
Y qué decir de “jevi”. En otros países es cool, nice, chévere. Pero jevi tiene swing, tiene barrio, tiene picardía, tiene aprobación colectiva. Algo puede ser jevi sin ser perfecto, solo tiene que sentirse bien. Eso no cabe en un diccionario.
Medida folklórica
Está el famoso “chin”. Un poquito, un tantico, un chinchín, un chininín apenas. Pero chin no es cantidad, es intención. “Échale un chin más” nunca significa exactamente cuánto. Significa lo suficiente para que quede bien, según el ojo del que mira. Matemáticas emocionales o medida folklórica (medida inexacta).
Que se entienda
Ni hablar de guayar. En otros lados es frotar, insistir, provocar. Aquí es todo eso junto y más con picardía, ritmo y una sonrisa que no se dice. Guayar no se explica, se entiende o se vive. ¡Ah! Me guayé en el examen. Y “ay”, ese ay dominicano que sirve para el dolor, el cansancio, la sorpresa, la resignación y hasta el chisme y el suspiro. Un ay bien dicho cuenta una historia entera sin necesidad de oración completa.
No son simples modismos
Estas palabras no son simples modismos, guardan parte de nuestra identidad. Son pruebas de que el lenguaje también es folklore, que se hereda, se adapta y se defiende sin darnos cuenta.
Tal vez por eso cuesta tanto traducirlas, porque no se dicen solo con la boca. Se dicen con el cuerpo, con la memoria y con eso que somos cuando nadie nos está corrigiendo cómo hablar. Mientras existan estas palabras, seguiremos reconociéndonos unos a otros sin necesidad de explicarnos demasiado, y aunque no se traduzca, se siente.
Fuente: listindiario.com


