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El vision board en el aula: una herramienta para enseñar a soñar con intención

Vision board.

En la escuela no solo se aprenden contenidos académicos. También se forman aspiraciones, se construye autoestima y se aprende a proyectar el futuro. En ese proceso, el vision board puede convertirse en una herramienta pedagógica sencilla y significativa para ayudar a los estudiantes a identificar metas, reconocer sus intereses y fortalecer la motivación.

Un vision board —o tablero de visión— es una representación visual de metas y sueños. A través de imágenes, palabras y símbolos, los estudiantes expresan aquello que desean lograr a corto, mediano o largo plazo, tanto en lo académico como en lo personal.

¿Por qué trabajar el vision board con los estudiantes?

Incorporar esta actividad en el aula permite desarrollar competencias clave:

1. Autoconocimiento
Al pensar qué quieren lograr, los estudiantes reflexionan sobre quiénes son, qué les interesa y qué les importa. Este ejercicio favorece la toma de conciencia sobre sus propias capacidades y aspiraciones.

2. Motivación y sentido del aprendizaje
Cuando los estudiantes conectan sus metas personales con lo que aprenden en la escuela, el proceso educativo cobra mayor sentido. El vision board ayuda a responder una pregunta esencial: ¿para qué aprendo esto?

3. Organización de metas
Visualizar objetivos ayuda a diferenciar deseos de metas reales. Los estudiantes aprenden a pensar en pasos concretos, tiempos y esfuerzos necesarios para avanzar.

4. Desarrollo socioemocional
Hablar de sueños, expectativas y desafíos fortalece habilidades como la comunicación, la empatía y el respeto por los proyectos de vida de los demás.

¿Cómo trabajar el vision board en el aula?

El docente puede guiar la actividad en pasos sencillos:

  1. Conversación inicial
    Invitar a los estudiantes a reflexionar sobre sus metas: ¿qué les gustaría lograr este año?, ¿qué quieren mejorar?, ¿qué sueñan para su futuro?
  2. Selección de imágenes y palabras
    Pueden usar revistas, dibujos, recortes, frases escritas o imágenes impresas. Lo importante es que representen sus metas de forma clara y positiva.
  3. Construcción del tablero
    Cada estudiante organiza su vision board en una cartulina o formato digital, explicando el significado de cada elemento.
  4. Socialización y reflexión
    Compartir voluntariamente sus tableros permite fortalecer la confianza y el respeto. El docente puede guiar una reflexión final sobre el esfuerzo, la constancia y la importancia de actuar para alcanzar lo que se desea.

Más allá del tablero

El valor del vision board no está solo en visualizar, sino en recordar que los sueños se construyen con acciones. El docente puede retomar esta herramienta durante el año escolar para evaluar avances, ajustar metas y reforzar la perseverancia.

Enseñar a los estudiantes a proyectarse no es fomentar ilusiones vacías, sino ayudarlos a creer en sí mismos, a organizar sus objetivos y a entender que el futuro también se trabaja desde el presente.

Elizahenna Del Jesús
Elizahenna Del Jesús
Coordinadora Editorial en Plan LEA, Listín Diario, graduada Magna Cum Laude de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)

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