La ley 1-2013 establece el 12 de enero como Día de la Resistencia Heroica creado: “en honor a los hombres y mujeres que lucharon por una sociedad más justa, basada en la cultura de paz, la verdad, la justicia, el respeto de los derechos fundamentales consagrados en la Constitución dominicana.”
La fecha evoca la hazaña de “Los Palmeros”, grupo revolucionario que enfrentó con fiereza la persecución del régimen presidido por Joaquín Balaguer y que un día como hoy resistió de forma inusitada el embate de 2,500 miembros de las Fuerzas Armadas, acción que se convirtió en la epopeya inspiradora para una comunidad cada vez más exigua.
Y en tiempo más que nublado y sin Octavio Paz se repetirán consignas y los detalles del lance que inspiró la consagración de la fecha. También la conmemoración motivará agravios y exaltaciones incomprensibles para quienes no logran entender la necesidad de aquello, ni el contexto nacional e internacional que produjo la acción.
Los pendientes contemporáneos son tantos y diversos como las decepciones. La imagen de los jóvenes combatientes, que mostraron arrojo y decisión aquel 12 de enero provoca hasta la irreverencia.
Para enfrentar a dos sobrevivientes del comando, parapeteados en una cueva, el despliegue fue propio de un combate de dimensiones inexistentes.
Amaury Germán Aristy, Bienvenido Leal Prandy, Ulises Cerón Polanco, Virgilio Perdomo Pérez, escribieron su historia con sangre. A la hora de los hornos los patrocinadores de la insurgencia y sus enlaces no aparecieron. Los muchachos resistieron atados a sus fusiles y a sus convicciones.
El comando serviría de avanzada a la postergada llegada del coronel Caamaño Deñó, líder de la insurrección que pretendía gracias a la lucha armada destituir el Gobierno.
Además del dolor, el respeto, el hecho develó la cobardía, la mentira buscando lauros, también la idea ingenua de contar con un respaldo colectivo, un levantamiento imposible. En el morral de la ignominia están entremezclados verdugos y cómplices repitiendo falacias para acotejar deserciones y encubrir el oportunismo.
Cada año se desata la furia contenida de vencidos y vencedores para abonar el menjurje ético que ahora permite a unos justificar la inutilidad del Derecho Internacional Público con la misma fuerza que otros validan la existencia y permanencia de regímenes autoritarios que actúan sin compasión ni recato en nombre de una revolución, como la Bolivariana, que después de 26 años se quedó en lingotes de oro, traiciones, codicia, tortura, encarcelamiento, exilio.
La acción del 1972 que tiene como antecedentes el magnicidio-1961- el Golpe de Estado, la inmolación del 1963, el 1965, produjo el fracaso de la intención guerrillera que desembarcó en Caracoles -1973-. El devenir ha estado marcado por los tropiezos, por la imposibilidad de vencer y construir la república soñada.
El régimen que los combatientes revolucionarios pretendieron derrotar, enfrentándolo sin apoyo suficiente, permaneció intacto hasta el 1978. Luego de una pausa de ocho años, el presidente, conculcador de libertades, recuperó el mando. Sempiterno vencedor, ratificó adhesiones y conquistó adversarios. Convirtió enemigos en adoradores tardíos, algunos miserables, relevo canallesco de los portaestandartes de la utopía. La resistencia heroica ha quedado en la ley.
Fuente: hoy.com.do


