Alimentos. Entre el pan de centeno, el bacalao salado y las legumbres, la dieta del siglo XV en España era un reflejo de su estructura social y una cocina a punto de transformarse para siempre con la llegada al Nuevo Mundo.
Cuando el navegante y explorador genovés Cristóbal Colón zarpó del puerto de Palos (Huelva) en 1492, llevaba a bordo algo más que mapas, brújulas y una gran esperanza. También llevaba consigo una dieta austera, basada en ingredientes que definían la alimentación de los españoles de su tiempo.
¿Y cuáles eran esos alimentos? Pues muy frugales: pan duro, legumbres secas, carne salada y vino. Pero, más allá de la comida de los barcos, ¿qué se comía realmente en la península ibérica en aquella época? ¿Cómo era la dieta de los españoles a finales de la Edad Media justo antes de que el tomate, el cacao o la patata cambiaran la gastronomía para siempre?
El pan: el verdadero rey de la mesa
No hay ninguna duda. El pan (negro o blanco), era la base absoluta de la dieta en la España de finales del medievo. Y es que no solo era alimento, sino también símbolo de estatus. Mientras las clases altas consumían pan blanco de trigo, los campesinos y obreros (las clases más pobres) se conformaban con panes más oscuros y densos hechos de cebada, centeno o avena.

En las ciudades, los hornos comunales eran puntos de encuentro social donde se horneaba la masa que cada familia traía de casa. En zonas rurales, muchas veces se cocía en casas particulares, cuando había acceso al grano. Pero lo que quedaba siempre claro es que el pan que resultaba mucho más difícil de tragar, más denso y oscuro, el pan negro, se asociaba con las clases menos favorecidas de la sociedad aunque ahora sea, en esencia, todo lo contrario.
Legumbres, gachas y cereales
Los españoles del siglo XV obtenían gran parte de su energía diaria a partir de legumbres como garbanzos, lentejas y habas, que eran cocidas en potajes con verduras o restos de carne y servían para dar de comer a muchas personas a la vez durante varios días.
Las gachas elaboradas con harina de cebada o trigo eran comunes entre las clases más humildes, habitualmente muy numerosas, acompañadas muchas veces de aceite (si es que lo había) o de leche. En aquella época, el acceso a estos productos alimenticios estaba regulado por las autoridades municipales para evitar carestías, especialmente en ciudades como Valencia, donde existen registros históricos sobre un sistema de control para el pan y los cereales en general.
La carne era un lujo reservado para los poderosos
Comer carne era símbolo de poder. Ingerirla con regularidad era un privilegio casi exclusivo de la nobleza y la alta burguesía. Sin ir más lejos, los análisis isotópicos de los restos reales de Pedro I de Castilla, apodado ‘el Cruel’, revelan una dieta rica en proteínas animales, especialmente carne de caza y pescado de agua dulce, acompañada de pan de trigo; algo que las clases más pobres solo veían en sueños.
Como curiosidad, su hijo pequeño, Alfonso, presentaba el perfil más alto en consumo de proteínas, reflejo de la alimentación recomendada para príncipes y mujeres nobles. La investigación arrojó una gran variedad de alimentos altos en proteínas como caldos de ave, huevos, pan blanco, dulces y frutos secos.
Peor suerte corrían los pobres. Así, en contraste, los campesinos comían carne solo en ocasiones muy especiales y la proteína que ingerían venía de gallinas, conejos, caracoles o ranas, y puede que de vez en cuando un poco de cerdo o cordero.
Vino, especias y dulces
El vino era una bebida omnipresente, consumida por todas las clases sociales por igual, aunque con claras diferencias de calidad. Los ricos bebían vinos especiados con canela, clavo y miel, con una calidad muy superior a los que podían consumir las clases bajas. El vino de los pobres era agrio y, en múltiples ocasiones, diluido con agua.
Las especias, traídas desde Oriente, eran otro símbolo de riqueza: solo los nobles probaban el exquisito sabor del azafrán, la pimienta, el jengibre o la nuez moscada, mientras que el ajo y la cebolla eran los condimentos más sobresalientes del pueblo medio.
Antes de 1492, la cocina española era rica en tradición, aunque limitada a lo que el Viejo Mundo ofrecía. Tras la llegada a América, productos como el tomate, el maíz, el chocolate, la vainilla, el pimiento y la patata transformaron la dieta peninsular para siempre, dando lugar a lo que hoy conocemos curiosamente como “gastronomía española”.
Fuente: https://historia.nationalgeographic.com.es/


