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Educar: la escuela que queremos en 2026

Mirar lo vivido en las aulas durante 2025 como una oportunidad de mejora nos permite pensar el 2026 con convicción, entendiendo que educar, cuando se hace con sentido, puede convertirse en un acto verdaderamente transformador.

Hablar de educación ha sido siempre hablar de procesos humanos. De docentes que enseñan, de directivos que acompañan, de estudiantes que aprenden y de familias que confían. El sistema educativo se construye en lo cotidiano, en cada decisión pedagógica y en cada gesto que apuesta por hacerlo bien, aun cuando los resultados no sean inmediatos.

Las experiencias del 2025 dejaron aprendizajes importantes. Algunas mostraron avances; otras señalaron aspectos que deben fortalecerse. Todas, sin embargo, abren la posibilidad de revisar prácticas, crecer y reafirmar el sentido de la escuela como espacio de formación integral.

Pensar el 2026 desde esta mirada implica asumir que educar es un acto de transformación. Transformación en el sentido más humano del término: creer en lo que se hace, cuidar los procesos y sostener el trabajo bien hecho, incluso cuando los resultados no se ven de inmediato. Cuando docentes y equipos directivos trabajan desde cada centro educativo con coherencia y vocación, los frutos llegan.

No se trata de buscar responsables ni de esperar que todo se alinee únicamente desde las instancias reguladoras. Aunque los lineamientos provienen del Ministerio de Educación, la verdadera diferencia ocurre en lo cotidiano: en el aula, en la gestión del centro y en la relación entre docentes, estudiantes y familias. Es ese poquito de amor, cuidado y compromiso que cada comunidad educativa aporta desde su propio espacio lo que permite que el trabajo bien hecho dé frutos y que su impacto trascienda el aula para llegar a la comunidad.

Educar para la excelencia no se limita a cumplir contenidos. Es también enseñar a convivir, a escuchar, a respetar y a asumir responsabilidades. Es formar personas capaces de actuar con honestidad y empatía, conscientes de que cada acción tiene un efecto en los demás.

En ese sentido, cobra especial valor la reflexión de Rosario Vásquez, directora de Plan LEA, quien señala:

Rosario Vásquez, directora Plan LEA

“Las comunidades no se transforman solo con grandes obras, sino con mejores personas. Cada gesto de respeto, cada decisión responsable y cada acto de empatía tienen un impacto que va más allá de lo individual. Aunque no siempre sea visible de inmediato, el crecimiento personal es una fuerza silenciosa capaz de cambiar entornos completos”.

Vásquez destaca que ser mejores personas no es una meta abstracta, sino una práctica diaria que comienza en lo cotidiano: en la manera de hablar, de escuchar, de reaccionar ante la diferencia y de asumir responsabilidades. Cuando una persona decide actuar con honestidad, paciencia y compromiso, esa actitud se refleja en su familia, en su escuela, en su trabajo y, finalmente, en la comunidad.

Las sociedades, recuerda, no se sostienen solo con leyes o infraestructuras, sino con valores compartidos. La solidaridad, el respeto, la tolerancia y la cooperación no nacen de decretos, sino de personas conscientes de que convivir implica pensar también en el otro. Una comunidad donde las personas se esfuerzan por ser mejores es, inevitablemente, más justa y más humana.

En este proceso, el crecimiento personal no exige perfección. Reconocer errores, aprender de ellos y seguir avanzando forma parte del camino. Cuando esta idea se normaliza en los espacios educativos, el diálogo comienza a sustituir al conflicto y la comprensión gana terreno frente a la indiferencia.

Los jóvenes ocupan un lugar central en esta transformación. Cada vez que deciden formarse, cuestionar con respeto, actuar con ética y aportar de manera positiva, están sembrando futuro. Educarse emocional, social y moralmente es una forma poderosa de liderazgo y una apuesta colectiva.

Tal vez no podamos cambiarlo todo de inmediato, pero sí podemos cambiar la manera en que educamos y convivimos. Cada decisión cuenta. Cada acción suma. Ser mejores personas no es solo un beneficio individual; es un compromiso con la comunidad.

Cuando la educación se ejerce con vocación, coherencia y propósito, todos avanzamos.

Elizahenna Del Jesús
Elizahenna Del Jesús
Coordinadora Editorial en Plan LEA, Listín Diario, graduada Magna Cum Laude de la Licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)

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